Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo

Marguerite YOURCENAR y Volker SCHLÖNDORFF: “Le coup de grâce” o “Der Fangschuss” (1938-1976) – Una crisis permanente

Der Fanschuss póster

En 1938, la escritora belga Marguerite Yourcenar nos proponía una inmersión en los primeros años de la compleja e incierta realidad de la Europa de la primera posguerra mundial, concretamente a través del prisma de Erich von Lohmond, un oficial del Freikorps que combatió contra el avance de la Revolución bolchevique en las regiones de Curlandia y Livonia (Letonia). Una obra que casi cuarenta años después sería adaptada por un director, Volker Schlöndorff, que ha demostrado no tener problemas a la hora de abordar el pasado traumático alemán desde su particular visión de las cosas, incluso en momentos en que tal cosa pudo resultar algo incómodo para un porcentaje sustancial de la sociedad alemana. Sin embargo, tanto Yourcenar como Schlöndorff fueron hijos de su tiempo. Mientras la primera nació a principios del siglo XX y alcanzó la madurez intelectual en una Europa sumida en plena crisis de la modernidad -al comenzar la Gran Guerra contaba 11 años-, el segundo fue cronológicamente hijo del nazismo y creció en plena posguerra, llegando a la edad adulta cuando comenzaban a adivinarse las primeras consecuencias culturales y políticas de esa crisis europea irresuelta. No en vano, Schlöndorff pertenece a esa extraordinaria terna de cineastas alemanes como Fassbinder, Wenders o Herzog que a principios de los 60 decidieron dar un puñetazo encima de la mesa para reclamar su espacio generacional; así, en 1962 dieron por muerto el viejo cine y decidieron abrir una puerta al futuro con su particular apuesta artística.(1) Estos momentos convulsos, enmarcados en ambas posguerras mundiales y caracterizados por una constante circulación de ideas, explican a la perfección tanto las inquietudes que movieron a la escritora belga y al director de cine alemán a la hora de embarcarse en sus respectivos proyectos artísticos como el espíritu de sus trabajos, que responde a dos tiempos distintos pero al mismo tiempo bien ligados entre sí, siendo la mejor muestra de ello el interés que Schlöndorff se tomó en adaptar la obra de Yourcenar. Y decía que los momentos en que se gestan cada una de estas obras están bien ligados entre sí porque ambos responden a una crisis de toda índole que por aquel entonces parecía que era perentorio abordar, ésta se empieza a sentir con toda su agudeza, si bien aún de forma vaga e imprecisa, durante la propia niñez de la autora belga y alcanza la adolescencia del director alemán todavía irresuelta e, incluso, agudizada por los excesos, entre otros, del fascismo en años precedentes. Así pues, los que decían traer consigo la promesa mesiánica de la salvación descubrieron en su desesperada huída hacia delante un abismo aún más sobrecogedor del que era preciso escapar.(2) En este sentido, como hiciera cuarenta años antes Yourcenar, en su búsqueda de un espacio y un lenguaje propios en medio de las ruinas de una posguerra que poco a poco comenzaba a quedar atrás -en lo material, no así en lo moral- Schlöndorff, como muchos otros intelectuales de su generación, creyó que la única posibilidad era el desarrollo de un espíritu crítico donde la cultura actuaría como punta de lanza. Y, efectivamente, si la crisis sufrida por las sociedades europeas de la segunda posguerra mundial era algo que arrostraban desde tiempo atrás, uno de los primeros objetos de esa conciencia crítica debía ser el pasado, de ahí que el director de Wiesbaden se interesara por la obra de Yourcenar como puente para aproximarse al origen de las cosas.

Marguerite Yourcenar

Marguerite Yourcenar

Volker Schlöndorff

Volker Schlöndorff

En su mirada crítica sobre el pasado el director de Wiesbaden buscó el modo de indagar en los orígenes del fascismo alemán, algo que se pone de manifiesto en algunas de sus primeras obras como “Der junge Törless” (1966) y “Die Blechtrommel” (1979), y esto es precisamente lo que otorga a sus trabajos un valor interpretativo digno de la atención de la historiografía. Sin lugar a dudas, el Freikorps parecía un fenómeno interesante de cara a dar con algunas de las claves del fascismo en su momento de gestación, algo que más tarde demostrarían autores como el propio Klaus Theweleit.(3) Precisamente por ello, Schlöndorff no dudó en reinterpretar aspectos de la obra de Yourcenar de acuerdo con las preocupaciones de su época, algo que se observa especialmente en la posición de una mujer, Sophie, como coprotagonista de un relato esencialmente masculino y que, por lo demás, no ocurre en la novela de la escritora belga. Si el objetivo manifiesto de Yourcenar había sido llevar a cabo un “estudio del carácter y la emoción”, el del director alemán era relanzar dicho estudio desde nuevos prismas y perspectivas, ocupando en ambos casos un lugar esencial el psicoanálisis. Así, desde el primer momento se embarca en un análisis de la masculinidad y la feminidad y sus conflictivas relaciones. Por un lado, la película de Schlöndorff nos presenta los difusos límites de la corporalidad masculina y el amor fraterno en la guerra, forjado por hombres y para hombres en la exposición cotidiana a la muerte, algo que en el caso de los combatientes del Freikorps va un paso más allá, pues ellos fueron los que lucharon incluso después de la consecución de la paz, aquéllos que vivían para la guerra y que, en consecuencia, se entregaron en cuerpo y alma a ésta.

Pasando revista

Así pues, la violencia cobra una dimensión clave en el modelo de masculinidad forjado en la guerra, muy extendido y cultivado durante años a nivel social y político. Esto se percibe a la perfección al principio del film en el monólago que Konrad, camarada de armas de Erich von Lohmond, dedica a su hermana, Sophie: “El olor de los campos de batalla es inconfundible. El primer cadáver deja una impresión indeleble. Una mano que sale de la tierra, labios azulados sobre dientes blancos. Puedes prepararte cuanto quieras: siempre será el mismo horror… cuerpos descuartizados, cráneos destrozados, caras de muerto. Y esperas impaciente al grito que comenzará el ataque”. En este relato a primera vista desapasionado de los hechos se observa una completa normalización de esa violencia que forma parte del tuétano identitario del hombre-soldado, paradigma de la masculinidad. Por ello, detrás de ese aparente hastío de Konrad se observa una necesidad de ese clima total y liminal de la guerra en el que se recrea, pues a través de él alcanza el equilibrio e, incluso, por qué no, el extasis. En este sentido, la falta de pasión no es tal, sino que se traduce en moral, que es causa de moderación, rigidez, disciplina y modales, a pesar de todo.

Disputando las atenciones de Sophie

De algún modo, todos los personajes masculinos que Schlöndorff nos presenta a lo largo del metraje aparecen a caballo entre dos épocas, anclados en muchos aspectos a un viejo mundo aristocrático-burgués que parece desmoronarse sin remedio y, al mismo tiempo, empeñados en sobrevivir abrazando la más rabiosa modernidad encarnada por la guerra, contribuyendo precisamente a la disolución irreversible de ese viejo mundo en que habían crecido.(4) Por ello, no es casual que Konrad sostenga de forma autocrítica que “Ni la guerra ni la revolución están arruinando esta tierra tanto como sus salvadores”, pero que al mismo tiempo sea capaz de preocuparse por la futura explotación de aquellas tierras, percibiéndose a sí mismo y a sus camaradas como la última muralla de civilización en el confín más alejado de Europa.

Erich y Sophie

Si el prototipo de masculinidad se erige en torno al hombre-soldado rígido, disciplinado y eficiente, el de la feminidad se construye por oposición a éste. En la imagen que Erich nos transmite de Sophie, la cual está perdidamente enomorada de él, no sólo se nos transmite el estereotipo de mujer como un estorbo o distracción respecto a lo que verdaderamente importa, sino además como una amenaza para la integridad y equilibrio del hombre-soldado, al ser elevada a la condición de agente subversivo y desestabilizador que actúa directa o indirectamente en contra de los intereses y necesidades de éste. En este sentido, Erich, prototipo de hombre-soldado entregado a sus responsabilidades y quehaceres se mantiene imperturbable ante las súplicas amorosas de Sophie, lejano respecto a ella en el plano corporal, como si temiera disolverse en el contacto. Su manera de entender el mundo queda bien ilustrada en uno de sus diálogos tras ser impelido por Sophie respecto a su vida amorosa:

“- Mis relaciones con las mujeres siempre han sido cortas y triviales. No hay nada que decir.
– Una relación corta puede ser hermosa
– Las mujeres quieren relaciones largas. La amistad es más importante para mí. Es más fiable que el amor.
– Sólo ha conocido mujeres de la peor clase.
– Al contrario, las considero las mejores. En cualquier caso, no intentaron desempeñar un papel importante en mi vida.”

En este instante se pone claramente de manifiesto la dependencia que Erich, igual que Konrad, tiene de la guerra como el único marco propiciatorio donde puede realizarse como hombre en su plenitud, donde puede alcanzar la trascendencia y la plenitud que encarnan esa complicidad forjada con los compañeros de armas. Así pues, mientras la feminidad es pasión y caos, la masculinidad es frialdad y orden, y es aquí donde ambas dimensiones entran en conflicto, tal y como ilustran los improperios de una Sophie frustrada y desengañada contra Erich: “¡Responsabilidad y disciplina! Todo lo demás dentro de ti está muerto. ¡Eres incapaz de sentir pasión! ¡Te aferras demasiado a la vida, Erich!”. Precisamente, es esa armadura externa construida de disciplina la que permite al hombre-soldado sobrevivir, la garantía de integridad frente a las múltiples amenazas de disolución que lo acechan a cada momento poniendo en peligro su particular modo de ser ante su tiempo. Y es aquí donde la mujer se convierte a ojos del hombre-soldado -de Erich y sus hombres, incluido el hermano de la propia Sophie- en encarnación de esa retaguardia traicionera que apuñala por la espalda. Tras su enésimo desengaño amoroso, Sophie, quien siempre había sentido simpatía por la causa bolchevique y había mantenido una estrecha relación con ésta, se une a los revolucionarios en los bosques, y de pronto todo cobra sentido: había sido la mujer, agente sibilino donde los hayan, la que había causado todas las derrotas del Freikorps al pasar informaciones al enemigo y provocar conflictos dentro de la comunidad masculina en armas.(5) Por tanto, la mujer es causante de quiebra y disolución, su pasión merma la capacidad de resistencia y sus sentimientos nublan, ablandan y hunden al hombre-soldado en sus fluidos, provocando su derrota, muerte y destrucción. Ante el ataque de la mujer, la compostura, la dignidad y la férrea moral necesarias para sobrevivir y triunfar en la guerra se diluyen, por eso el hombre-soldado prefiere el vínculo forjado con sus camaradas, inalcanzable de cualquier otro modo que no sea a través de la guerra, de ahí su admiración y su amor silencioso por éstos, que puede llegar a alcanzar formas físicas de complicidad. Consciente de ello, en su última discusión con Erich Sophie señala: “¡Estoy harta! Tu honor, tu guerra, ¡tus amistades masculinas! La guerra no es más que un pretexto para tu placer. Si es lo que te gusta, hazte con un mozo de cuadra, pero no me uses como coartada”. Sin embargo, al hablar de “placer” trasciende el significado de lo meramente sexual para ir a vínculos de afinidad situados en el ámbito de lo sublime, lo esencial, lo identitario y, por qué no, lo amoroso.

Sophie

Más allá de todo lo señalado, la obra de Schlöndorff ofrece muchas otras ideas de gran interés, sobre todo por su compromiso con la complejidad de lo histórico, algo que se pone de manifiesto en el encuentro del Freikorps con alemanes que, huidos o liberados por los revolucionarios de los campos de prisioneros de guerra en Siberia, combaten del lado de los bolcheviques. Se trata de individuos con firmes convicciones revolucionarias tan conscientes como sus enemigos de la gravedad del momento, lo cual sorprende a los hombres-soldado del Freikorps, que consideran que sólo se puede luchar por el comunismo bajo el efecto de un embuste. Sin embargo, el fresco político-social que nos transmite Schlöndorff va más allá, y durante la ejecución del revolucionario alemán de Darmstadt se ponen de manifiesto las disensiones internas en el seno del Freikorps, especialmente entre la tropa que, pese a ser voluntaria, libra una guerra total contra un enemigo que aparece y desaparece de la nada y que puede dar un golpe en cualquier momento, todo ello en unas condiciones extremadamente difíciles.(6) De ahí, precisamente, la percepción del enemigo como agente infeccioso que se extiende sin freno posible provocando un pavor y una sensación de cerco permanentes en el hombre-soldado, percepción profundamente sinestésica y movilizadora que pronto impregnaría todo el lenguaje y percepciones fascistas: “El bolchevismo está infectando a toda la población. El enemigo es invisible”. Aquí se pone de manifiesto la transformación del imaginario colectivo provocada por la ciencia médica moderna, cuyos descubrimientos pronto serían extrapolados al campo de las relaciones sociales y políticas causando terror en un ser humano que en este momento, quizás, se sintió más expuesto que nunca a todo tipo de amenazas.

Capturado de Darmtstadt

En cualquier caso, hasta el más amargo final se percibe la más absoluta normalidad en todo lo que rodea la cotidianeidad del hombre-soldado y sus responsabilidades, reforzado en su modo de vida precisamente por su defensa quijotesca de unos supuestos valores esenciales, obligado moralmente por un código de honor, un pacto tácito no escrito que se contrae cuando se entra en y se comparte la comunidad de armas. De ahí que, por mucho que tuvieran conocimiento del apoyo de los aliados a los soviéticos, “despojando nuestra obstinada resistencia de todo significado”, según Erich, Konrad sostenga que “Si lo dejamos ahora nada tendrá sentido. La lucha, las víctimas. Mientras sigamos resistiendo no podrán destruirnos. Debemos aguantar pese a todo.” Y es precisamente aquí, en el compromiso con la sangre derramada, en el abrazo de las satisfacciones irrenunciables de la vida militar, donde se produce la huida hacia delante del hombre-soldado que escapa del vacío y la duda que lo consume en sus entrañas, en lo más hondo de esa armadura externa que lo protege de sí mismo y de los demás. Finalmente, Erich conserva su rigidez hasta el final cumpliendo con su deber más allá de la pasión, preservando su integridad y su condición de hombre-soldado y ejecutando de forma fría y lejana a Sophie con un tiro en la cabeza tras haberla capturada junto con sus camaradas revolucionarios en el curso de una refriega. Tras el deceso y antes de la partida definitiva, una foto de grupo para la posteridad cuyas sonrisas se convierten en testimonio callado de un legado de violencia y desolación, como si nada hubiera pasado en aquel lugar olvidado por todos y en tantos otros ya por nadie recordados.

Fotografía para la posteridad

Sin lugar a dudas, el fenómeno Freikorps representa un momento esencial en el origen y codificación del fascismo. Los altos niveles de violencia, muchas veces contra sus propios conciudadanos, puestos en práctica por los paramilitares se explican por su sensación de abandono y traición. Tal y como señalaba un Erich desesperanzado, “El pueblo ya no nos apoya, Alemania está contra nosotros.” De algún modo, tras haber sufrido innumerables penalidades en el frente y volver de allí sin la percepción de haber sido derrotados, al encontrarse en todo el país con una clima revolucionario muchos de los combatientes desmovilizados sintieron un profundo desprecio que les llevó a emplearse sin límites con todos aquellos que, de acuerdo con su Weltanschauung, no habían sabido estar a la altura del compromiso moral exigido por las circunstancias. La ansiedad y violencia acumulada durante años de brutalización desbordó a muchos excombatientes, incapaces de encontrar un lugar para ellos en el mundo de la posguerra. Finalmente, en un recorrido que nos recuerda al del Gilles de Drieu La Rochelle, Erich von Lohmond aparece en 1938 en España combatiendo del lado fascista, porque lo único que sabía era hacer la guerra.(7)

Regreso de la batalla

REFERENCIA:
Marguerite YOURCENAR: Alexis ou le traite du vain et Le coup du grâce, París, Gallimard, 1978.
Marguerite YOURCENAR: El tiro de gracia, Madrid, Alfaguara, 1992 [1939].

En la batalla

NOTAS:
(1) Véase Oberhausen Manifesto. No por casualidad, este clima cultural y esta ansia de superación de un pasado ya caduco es común al conjunto de la Europa occidental de la época.
(2) Un buen retrato se nos brinda en Ferran GALLEGO (ed.): Pensar después de Auschwitz, Mataró, El Viejo Topo, 2004.
(3) Véase https://seminariofascismo.wordpress.com/2013/06/26/klaus-theweleit-mannerphantasien-fantasias-masculinas/
(4) Una radiografía a su modo inigualable de aquel mundo y su desaparición en Stefan ZWEIG: El mundo de ayer. Memorias de un europeo, Barcelona, Acantilado, 2007. En la película Sophie advierte a Erich de que “Esta nueva era no necesita nuestras tradiciones”.
(5) De algún modo, se trata de una reproducción a escala de la Dolchstoβlegende o el relato de la puñalada de la espalda difundido en los primeros instantes de la posguerra, según el cual el ejército alemán no habría sido derrotado en los campos de batalla, sino traicionado desde la retaguardia por políticos inmorales y compatriotas entregados a la revolución. Para la posible relación de la mujer con este relato sólo hay que tener en cuenta que el lugar natural de ésta durante la guerra era el apoyo al esfuerzo bélico desde el hogar, favoreciendo una moral alta y un espíritu abnegado, capaz de aceptar los inevitables sacrificios.
(6) Muchos se alistaron por la posibilidad de cobrar una paga regular.
(7) Al menos de acuerdo con el relato de Yourcenar. Véase Pierre Drieu LA ROCHELLE: Gilles, Madrid, Alianza, 1989 [1939].

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Esta entrada fue escrita por davidalegrelorenz y publicada el 28 agosto, 2013 a las 3:21. Se guardó como Filmoteca y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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