Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo

Ludger HEID: “El preludio del Holocausto. En el Ober Ost del Reich durante la Gran Guerra”

El tratado de operaciones oriental durante la Gran Guerra es uno de los más desconocidos tanto por el gran público como por la historiografía, por tanto una cuenta pendiente que sigue precisando de historiadores dispuestos a abordarla en toda su extensión, a pesar de que a estas alturas ya se han producido algunos buenos trabajos. Precisamente, aprovechando que mañana comenzamos en la Universitat Autònoma de Barcelona el que sin duda alguna será el congreso más importante sobre el conflicto celebrado en España durante este año de conmemoraciones, queríamos compartir con vosotros una pequeña pero interesante visión panorámica de algunos de los aspectos más controvertidos de la ocupación alemana en los territorios ocupados al Imperio ruso. Para ello, nos servimos de un texto escrito por el historiador Ludger Heid y publicado por Die Zeit el 2 de marzo de 2014. De algún modo, lo que sostiene el autor es que en los territorios ocupados por el Reich más allá de las fronteras orientales de Polonia empezaron a generarse espacios materiales y mentales que apuntaban a la transformación integral de grandes porciones de tierra, fundamentalmente por medio del procesamiento y control de sus poblaciones y una intensa explotación económica -muchas veces mera rapiña- de sus recursos. El lugar preferente de los judíos en las preocupaciones de la administración militar y las élites políticas alemanas lleva al propio Ludger Heid a hablar de lo que él denomina el preludio del Holocausto. Ideas y reflexiones interesantes que, sin duda, merece la pena tener en cuenta, siquiera para ser discutidas:

Hindenburg y Ludendorff

Hindenburg y Ludendorff

En la primavera de 1915 los alemanes habían expulsado otra vez a los rusos de Prusia Oriental y a principios de agosto entraban en Varsovia. Poco después tomaban vastos territorios en el este. Varsovia y las provincias polacas quedaron sujetas a una administración civil; surgió el Gobierno General de Varsovia. La región nororiental de Polonia, además de partes de las actuales Lituania, Letonia (Curlandia) y partes pequeñas de la actual Bielorrusia quedaron bajo mando militar. En el lenguaje militar de la época este territorio en el que vivían alrededor de tres millones de personas se llamó Land des Oberbefehlshabers Ost [Territorio del Comandante en Jefe para el Este] – abreviado: Ober Ost. Aquí, Erich Ludendorff, el hombre fuerte en el este y desde agosto de 1916 Jefe del Obersten Heeresleitung [Mando Supremo del Ejército] al lado de Paul von Hindenburg, obtuvo una extraordinaria oportunidad, una utopía a realizar, es decir, un territorio ocupado a disposición de su imaginación esperando ser ordenado.

Con su diversidad étnica y religiosa, este territorio situado en el este debía transformarse según designio alemán y allí, también, debía allanarse el camino para un dominio duradero. A la larga, Hindenburg y Ludendorff pensaban en él como parte del Reich. Alguna vez hablaron explícitamente de “anexión”, después se habló otra vez de “rectificación fronteriza”, o bien la idea de “anexión” desapareció fácilmente del discurso.

La gran comunidad judía se había acogido desde el principio de la guerra a la tolerancia. En un llamamiento, cuya distribución fue permitida por la Oberste Leitung [Mando Supremo] de los ejércitos alemán y austro-húngaro, coaligados en otoño de 1914 en Rusia, les habían prometido el libre desarrollo de su vida cultural. Incluso entonces, dicha proclamación se llamó “Llamamiento de Ludendorff” [Ludendorff-Aufruf], la cual respondía a la iniciativa y al diseño de destacados sionistas alemanes.

Los judíos son los únicos de los que se puede fiar el ejército alemán

Los sionistas alemanes habían fundado ya antes de la guerra un “Comité para la Liberación de los Judíos rusos” [Komitee zur Befreiung der russischen Juden]; a mediados de agosto de 1914 fue rebautizado como “Comité para el Este” [Komitee für den Osten (KfdO)]. Calificaron a los judíos orientales como “pioneros de la cultura alemana”. “Está probado”, reza un memorándum del DfdO, “que la germanidad no se puede apoyar en ninguna otra capa de la población de la nueva frontera oriental con tanta confianza como sobre los judíos.” A principios de Octubre de 1914, una pequeña delegación sionista fue recibida en el Cuartel General Oriental. El coloniense Max Bodenheimer expuso a Hindenburg y a Ludendorff ideas similares. Ambos militares se mostraron partidarios de que la población judía fuera la única en la cual pudiera confiar el mando del ejército alemán. Por el contrario, la población cristiano-polaca resultaba “poco fiable”.

Mapa con los territorios que compondrían el Ober Ost.

Mapa con los territorios que compondrían el Ober Ost.

Por aquel entonces, muchos sionistas aún creían en la protección del ejército alemán, que podía ayudar a los judíos orientales, los cuales habían sufrido bajo el zarismo desde múltiples formas de discriminación a brutales pogromos. Por su parte, los militares pensaban que la “naturaleza especial” [Sonderart] de los judíos orientales serviría a los fines de su estrategia bélica. Ya en agosto de 1914, el Alto Mando había publicado en colaboración con los sionistas el diario de guerra en jiddisch Kol Mewasser [La Voz Predicadora], que se difundió en territorio conquistado y fue lanzado más allá de la frontera, sobre territorio ruso, por medio de aviadores.

Evidentemente, tales acciones tuvieron consecuencias fatales: los dirigentes rusos sospecharon de su colaboración con el enemigo y deportaron a más de 500.000 personas hacia el interior del país. También, se dieron nuevos asaltos y linchamientos contra los judíos, a quienes se había desenmascarado como “espías”.

Pero pronto aumentaron en Berlín las voces que advertían frente a los sionistas y que abogaban por endurecer la “Judenpolitik”. Así lo quería el anterior Consul General en Varsovia, August Freiherr von Brück, que en el gobierno del Reich tenía la fama de “experto en asuntos polacos”, quien nada sabía de una “captación” [Gewinnung] de las poblaciones judías. A comienzos de noviembre de 1914 le explicaba al canciller del Reich, Theobald von Bethmann Hollweg, sus reparos: la masa de los judíos vivía en la pobreza más extrema. Las consecuencias serían “inmundicia, ignorancia, atrofia física y moral y una naturaleza servil y sumisa.”

Material humano a la vista

Con la institución del Ober Ost en 1915-1916 fueron olvidadas rápidamente las promesas de tolerancia y autonomía, también en el Gobierno General. Los militares y funcionarios se comportaron como señores coloniales que creían que los pueblos “primitivos” podían ser bendecidos por los beneficios de la cultura alemana. Pero sobre todo, los alemanes empezaron por saquear de forma coordinada la economía, los recursos vitales para el esfuerzo de guerra y los instrumentos técnicos. Aquí se toparon especialmente con los judíos. Las mercancías y los productos agrícolas fueron requisados, algunos negocios y fábricas tuvieron que cerrar. Por lo tanto, se les robaba a los judíos sus medios de subsistencia a largo plazo, cayendo éstos rápidamente en un proceso de depauperización imparable.

También el mismo “material humano” [Menschenmaterial] se puso en el punto de mira. Miles de judíos, hombres y mujeres, fueron enviados a realizar trabajos forzosos. Más de uno fue secuestrado en plena calle. Quien se resistía había de esperar castigos ejemplares, así lo advertía una notificación de la autoridad de ocupación. En caso de evasión de un “trabajador civil” [Zivilarbeiters] de su lugar de origen se amenazaba con el arresto de la familia, mientras tanto de ésta se tomaba un “sujeto de reemplazo” [Ersatzperson] para realizar trabajos forzados hasta que se había entregado a los fugitivos en la comandancia local.

Trabajadores forzosos judíos construyen una carretera al este de los territorios polacos en 1915.

Trabajadores forzosos judíos construyen una carretera al este de los territorios polacos en 1915.

Una orden para la “Lucha contra los Vagos” [Bekämpfung der Arbeitsscheu] debía legitimar el procedimiento; en los barrios obreros de Lodz los soldados alemanes organizaban batidas en toda regla. “Sobre la base de este reglamento han sido tomados por necesidad en el Gobierno General alrededor de 5000 trabajadores, principalmente judíos. […] En torno a 2400 de los trabajadores reclutados han sido enviados al Batallón de Trabajos Forzosos”.

Las promesas de inspiración sionista –iguales derechos civiles y completa libertad de culto– se revelaron como mentiras. “El látigo ruso hace daño a veces, el sable prusiano sin cesar”, rezó pronto un repetido lamento.

Se prohibió a los judíos ir juntos de tres en tres

El jurista y escritor Sammy Gronemann, un convencido sionista que cumplió su servicio militar como intérprete en el territorio del Ober Ost desde 1916, vivió las muchas vejaciones encubiertas y brutalidades públicas de las autoridades militares alemanas contra los judíos. Así, quedó estrictamente prohibido que éstos fueran de tres en tres –una regulación ridícula, pero ay de aquellos que la infligieran. En el libro Hawdoloh und Zapfenstreich, sus Memorias en la retaguardia judeo-oriental (1916-1918), Gronemann contaba que se efectuaban detenciones y sanciones especialmente en Sabbat, cuando los alguaciles solían actuar “como cazadores de perros” [wie Hundefänger]. Durante el Rosch ha-Schana, la fiesta de año nuevo judía, la policía militar se apostaba frente a las sinagogas y capturaba creyentes en edad de trabajar, deportándolos y forzándolos a trabajar en la construcción de carreteras.

El historiador Zosa Szajkowski describió algunas de las represalias. Los judíos eran obligados a limpiar las calles durante el Sabbat. En Prużana los alemanes requisaron una sinagoga como alojamiento para los trabajadores forzosos, y en otra sinagoga abrieron un teatro. En Suwałki los judíos fueron obligados a abrir sus negocios durante el Yom Kippur, su día de penitencia y ayuno más importante; se les obligó a golpes a transgredir las prescripciones sagradas del día de ayuno. En septiembre de 1915, en la ciudad de Łomża las autoridades militares exigieron una contribución de 60.000 rublos, tomando a polacos, cristianos y judíos como rehenes y amenazando a todos ellos con fusilarlos si la demanda no era satisfecha.

El tratamiento de los trabajadores forzosos se basaba puramente en el maltrato. Julius Berger, director de la Sección Judía [Jüdischen Ableitung] de la Central de Trabajadores Alemana [Deutschen Arbeiter-Zentrale] en Varsovia e insobornable testigo presencial, observó el brutal procedimiento in situ. “Se dictó”, así explicaba esa miseria, “que cada uno que fuera convocado para trabajar debía traer dos pares de zapatos, dos mantas, camisas, etcétera. Desde luego, esto no podía ser acatado por la mayoría, de modo que se encontraban sin zapatos ni ropa. Durmieron hasta el último momento bajo el cielo raso.” De hecho, “el trabajo [era] muy pesado. No había casi ningún control médico. Cuando alguien se quejaba de que estaba enfermo en lugar de medicina recibía una paliza. La ración de comida que recibían era muy poca y mala. La consecuencia de ello es que después de un mes algunas personas jóvenes y fornidas eran devueltas a casa en el último estadio de la tisis. Cuando se rogaba un remedio los hechos era negados sin mediar más palabra.” Para Berger el antisemitismo de los alemanes en general y de los oficiales y funcionarios en especial fue la causa motriz de estos excesos.

Los trabajadores forzosos fueron metidos en campos de detención: eran esclavos de facto. Desesperados como estaban se defendieron. Cortaban sus mantas, incendiaban los barracones, huían cuando se presentaba la oportunidad. También intentaron infectarse con enfermedades para de ese modo ir al hospital, donde no obstante apenas había ayuda.

Indignación en el extranjero, negación del Mando Supremo del Ejército

Las condiciones en los territorios ocupados tampoco podían permanecer ocultas en el extranjero, de hecho en la prensa internacional provocaron olas de indignación. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Berlín se vio forzado a desmentir. El Alto Mando del Ejército rechazó todas las acusaciones y achacó las responsabilidades a “determinados círculos judíos”, quienes inundaban tanto la prensa alemana como extranjera con artículos ofensivos sobre el brutal tratamiento de los judíos por parte de las autoridades militares. Era sencillamente vergonzoso que escasearan las replicas con contrapruebas. Esto llamó la atención del propio Ministerio de Asuntos Exteriores y motivó a algunos funcionarios de éste a plantear una reflexión: “Desmentir sin documentos también es un absurdo.”

En las poblaciones judías el talante había dado un vuelco total. El informe del Gobernador General en Varsovia, Hans von Beseler, habla por sí solo: «Los judíos han dejado de ser germanófilos», constataba sobriamente. Sin duda alguna, la exposición de motivos que entregó más tarde decía más sobre él que sobre las verdaderas causas. “La disciplina, el orden y la higiene instaurados”, decía en su informe del 1 de octubre de 1916, “son molestos para ellos porque de este modo son perturbados en sus negocios y empujados a un cambio sustancial en sus modos de vida. Se sienten asfixiados por las muchas prescripciones. […] Eran reprimidos por los rusos, pero [bajo su mando] podían continuar tranquilamente con sus turbios negocios.”

La guerra devastó muchas ciudades en la región –tampoco todos los desperfectos fueron provocados por las luchas. Los ocupantes saquearon las piezas de cobre de la maquinaria en Lodz y en otros centros industriales, haciéndola inservible. Muchas de ellas fueron sustraídas en las propiedades, los talleres y las fábricas judías, como señaló en tono acusador el político del SPD Eduard Bernstein: básicamente por “pura altanería” y “lamentable odio contra los judíos” [erbärmlichem Judenhaβ].

Rusia debe ser obligada a admitir a los judíos fugitivos

El escritor Arnold Zweig, destinado en 1917 en el servicio de prensa del Cuartel General del Ober Ost, era responsable de la censura. Entonces, estando al lado del Alto Mando y de los oficiales superiores pudo “ver desde la perspectiva de los oficiales” lo que había “soportado anteriormente desde abajo.”

Las observaciones realizadas por Zweig con repugnancia dejaron evolucionar en él ideas para escribir sobre las vivencias en el Ober Ost. Así surgió el plan para la realización del ciclo novelístico Der grosse Krieg der weiβen Männer [La Gran Guerra de los hombres blancos], cuyos primeros tomos aparecieron en 1927 y 1931 –Der Streit um den Sergeanten Grischa [La disputa por el sargento Grischa] y Junge Frau [La joven mujer]– cimentando el renombre mundial de Zweig. En Junge Frau insinuaba que en el círculo de la administración militar ya se hablaba de forma completamente abierta sobre la eliminación de los “lamentables” judíos orientales: querían embarcarlos y abandonarlos a su suerte en el mar Báltico.

Freiherr Wilhelm von Gayl, uno de los colaboradores más influyentes en el Ober Ost de Ludendorff, había propuesto en 1916 en una memoria forzar a Rusia a admitir para siempre a todos los judíos refugiados en el Imperio ruso durante la guerra. Esto habría supuesto una violenta expulsión de los territorios ocupados. Completamente en sintonía con el antisemitismo racial, se clasificó a los judíos orientales como inferiores, y no les fue reconocido el derecho a una Heimat [tierra, patria chica] propia o a una vida en sus hogares.

Vuestro orden es repugnante

En el preámbulo de su libro Das ostjüdische Antlitz [El rostro judeo-oriental], publicado ya en 1920, las preocupaciones de Zweig afloran en las palabras. Todavía hoy, es conmovedor lo que confesaban éstas al poeta que también vistió el uniforme alemán: «Vuestro sistema es repugnante. Reglamentáis y tiranizáis por la fuerza, apaleáis a personas inocentes en los interrogatorios, confiscáis y robáis, y nos indignáis con vuestro menosprecio. Vuestros batallones de trabajos forzosos son un método siberiano en medio de la tierra; vuestros reglamentos se agotan dejando a nuestros desfallecidos hambrientos morir a manos de epidemias que no estaban antes aquí.»

Mucho antes de que el Alto Mando tuviera que reconocer a finales de septiembre de 1918 la derrota militar, el proyecto del Obert Ost de Ludendorff había fracasado. Ahora bien, de sus planes de dominación y colonización de los territorios conquistados parte una línea directa hacia las demandas de Hitler de “espacio vital en el este” [Lebensraum im Osten].

Así pues, la historia del Ober Ost nos remite a la prehistoria del nacionalsocialismo. Se pueden detectar líneas de continuidad en todas partes, incluso en algunos detalles. Aquí ya nos encontramos con los alemanes como hombres dominantes [Herrenmenschen] y los judíos como infrahombres [Untermenschen]. Hay aquí cazas de hombres para obligar a los judíos a cumplir trabajos forzados. También hay médicos alemanes que declaran a los judíos aptos o no para el trabajo y seleccionan de acuerdo con ello. Hay deportaciones en vagones de ganado para trabajar en Alemania. Hay distintivos estigmatizadores sobre las ropas para una mejor diferenciación de los trabajadores extranjeros y alemanes. Y por eso, particularmente, se hacen presentes de forma creciente las elucubraciones en torno al mejor modo de deshacerse [loswürde] de los judíos.

Fueron elementos practicados y anticipados de una represión que prefiguraba lo que sucedió después de 1939. Nada más que un paso separaba estas políticas de represión de la política de exterminio.

Traducción realizada por David Alegre Lorenz, quien se disculpa de antemano por los errores que ésta pueda contener

Fuente original: http://www.zeit.de/2014/09/erster-weltkrieg-ostpreussen-juden/seite-3

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Esta entrada fue escrita por davidalegrelorenz y publicada el 6 mayo, 2014 a las 17:05. Se guardó como Debates, interpretaciones y método y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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