Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo

Publicación de la obra “Lluitadors quotidians. L’antifranquisme, el canvi polític i la construcció de la democràcia al Montsià (1972-1979)”, de Cristian Ferrer González

Como parte del compromiso y los objetivos del SIdIF de fomentar el diálogo y la renovación historiográfica visibilizando el trabajo de nuestros colegas más jóvenes, nervio fundamental del futuro de la historiografía, y, al mismo tiempo, servir como espacio de encuentro para todos los que componemos la comunidad dedicada al estudio del siglo XX en toda su extensión, seguimos con el análisis de algunas de las últimas publicaciones de compañeros que se encuentran en diferentes estadios de sus investigaciones, algo que tendrá continuidad en las próximas semanas. De hecho, como veréis, hemos considerado que en mayor o menor medida todos los trabajos que analizaremos, empezando hace una semana por Los excombatientes franquistas, de Ángel Alcalde, inciden en cuestiones extremadamente relevantes y que, además, aportan nuevas herramientas y visiones de interés con sus ambiciosas aproximaciones a los diferentes fenómenos abordados y sus enfoques metodológicos desarrollados a partir de muchos de los principales debates. Todos los trabajos que abordaremos mantienen un claro compromiso con la necesidad de complejizar el pasado, algo en lo que venimos insistiendo mucho de un tiempo a esta parte y que, evidentemente, no pasa por hacerlo incomprensible, sino por integrar el mayor número de voces posible y analizarlo desde una perspectiva crítica. En esta ocasión presentaremos el trabajo de Cristian Ferrer González, Lluitadors quotidians: l’antifranquisme, el canvi polític i la construcció de la democracia al Montsià (1972-1979), publicada hace escasos días y merecedora del vigesimocuarto Premi Josep Lladonosa d’Història Local dels Països Catalans.

Cristian Ferrer González durante la presentación de su libro en Lleida.

Cristian Ferrer González durante la presentación de su libro en Lleida.

A mi parecer, el trabajo de Cristian Ferrer parte de dos preocupaciones básicas y, si se me permite, esenciales en el futuro de nuestra historiografía: por un lado, la necesidad de superar la hegemonía de la ciudad sobre el campo como un espacio esencial a través del cual analizar la conflictividad social y, por otro lado, la necesidad de abandonar la idea de la subordinación de éste a aquélla, cuando no su condición de espacio estanco y, de algún modo, ajeno a los cambios que acontecen a su alrededor, al menos hasta que entramos en el ámbito de los hechos consumados. De hecho, no tiene pérdida el análisis que el propio autor realiza sobre las motivaciones que han dado lugar a su trabajo y la evolución del marco historiográfico en el cual se encuadra, toda una declaración de intenciones: «[Lluitadors quotidians] Guarda, tanmateix, una íntima relació amb la recuperació de les millors facetes de la clàssica història social, […], o si més no amb la recuperació de l’hegemonia perduda durant l’etapa postmoderna de les tradicions historiogràfiques provinents del marxisme i l’École des Annales. La seva renovació durant les darreres dues dècades, amb la incorporació de concepcions de tipus cultural o sociocultural, ha fet que la història social de principis del segle XXI hagi recuperat l’hegemonia i la centralitat en les análisis històriques. Aquest “gir” és, tanmateix, producte de la crisi del 2008, que a l’Estat espanyol s’ha traduït també en una crisi de règim amb nefastes conseqüències socials. Tots aquests factors han provocat que una sèrie d’historiadores i historiadors –molts dels quals provinents del món rural i que han obtingut les seves titulacions en universitats de “províncies”– hagin mostrat un creixent interés pels marginats o silenciats dels macrorelats històrics.» (pp. 32-33) Ciertamente, podríamos debatir sobre algunas de las cosas aquí apuntadas, como la supuesta recuperación de la hegemonía historiográfica por parte de la historia social. No obstante, de lo que no hay ninguna duda es que es en todas esas cuestiones donde reside el principal valor de la obra que abordamos hoy, que de algún modo sería el primer paso de una prometedora investigación doctoral y que, por lo demás, se enmarca en una línea especialmente innovadora como es la de las actitudes políticas y las armas de los débiles en toda su extensión. (1) Y digo armas de los débiles porque, a pesar de que éstas no son analizadas en sentido estricto, las tesis y los análisis centrales de la obra parten de la presunción de que los fenómenos de conflictividad social y la emergencia de nuevas actitudes políticas no habrían sido posibles sin la desafección y las variadas formas de resistencia diarias incubadas y practicadas desde la misma implantación y consolidación de la dictadura. Es decir, el libro se centra especialmente en el momento en que emergieron actitudes contestatarias que supusieron un desafío abierto para la dictadura. En este sentido, el autor nos ofrece una intensa y audaz historia desde lo local centrada en los municipios de la comarca del Montsià, el territorio más meridional de Cataluña, todo ello con el fin de comprender las dinámicas por medio de las cuales fue cuestionada y destruida durante los años 70 “desde abajo” la hegemonía político-cultural del franquismo, todo lo cual vendría acompañado por la aparición de nuevas prácticas y actitudes. (2)

Franco en Barcelona, año 1970. La hegemonía político-cultural del franquismo fue un hecho, y a lo largo de los cuarenta años de vigencia del régimen se sustentó sobre sus propios simpatizantes y militantes.

Franco en Barcelona, año 1970. La hegemonía político-cultural del franquismo fue un hecho, y a lo largo de los cuarenta años de vigencia del régimen se sustentó sobre sus propios simpatizantes y militantes.

El propio Cristian Ferrer reconoce los “límites” de su aproximación, señalando la porosidad cronológica de los procesos históricos, que difícilmente pueden ser encapsulados en un ratio temporal cerrado y bien definido, por mucho que el historiador no pueda prescindir nunca del tiempo en sus análisis. Precisamente por ello, el autor plantea un amplio marco interpretativo donde aborda el franquismo como fenómeno político-cultural y socio-económico en su largo recorrido histórico, recuperando de algún modo la siempre enriquecedora perspectiva de la longue durée. No por nada, por aquí es por donde se ampliará en los próximos años el proyecto de tesis de Cristian Ferrer y también por donde conecta más directamente con los intereses historiográficos del SIdIF. De hecho, el autor parte de la consideración de la dictadura franquista como un régimen fascista de principio a fin, atendiendo al hecho de que el franquismo mantuvo intacto su aparato represivo y legislativo durante sus cuarenta años de vida. Por tanto, Ferrer se ampara en los enfoques que han hecho hincapié en la función social del fascismo para definir a la dictadura como tal, una vía de análisis abierta que, abierta hace más de veinte años por Julián Casanova, hoy en día ha sido notablemente profundizada y matizada en diferentes sentidos. (3)

Concentración en la plaza Imperial Tarraco, 11 de mayo de 1976. Las élites políticas del régimen no estaban acostumbradas a ciertas forma de hacer política. Aquí contemplan a los campesinos que se manifiestan por una mejora de los precios de los productos agrícolas. En una de las pancartas se puede leer "Sindicat Lliure".

Concentración en la plaza Imperial Tarraco, 11 de mayo de 1976. Las élites políticas del régimen no estaban acostumbradas a ciertas forma de hacer política. Aquí contemplan desde el balcón del Gobierno Civil a los campesinos que se manifiestan por una mejora de los precios de los productos agrícolas. En una de las pancartas se puede leer “Sindicat Lliure”.

Más allá de todo ello, la tesis central del trabajo defiende el doble origen del antifranquismo en el mundo rural. Por un lado, el catolicismo de base que a través de las juventudes de Acción Católica y su tejido organizativo de tipo asambleario generó una conciencia social renovada respecto a la realidad del país. De hecho, desde mi punto de vista también existiría una notable continuidad en lo referente a dicha conciencia social –no así en lo referente a las prácticas asamblearias– que, todo sea dicho, estaría muy relacionada con el principio de “justicia social” que dotó al propio régimen durante sus primeros años de vida de un proyecto político y que, por lo demás, habría caracterizado desde su origen al fascismo primigenio. Por otro lado, como segundo factor decisivo en la politización del campo nos encontramos con las luchas de trabajadores del campo en pos de unas mejores condiciones de vida, las cuales también pusieron en marcha dinámicas de socialización e inquietudes que, por sí solas, acabarían confluyendo con las iniciativas impulsadas por los católicos de base. Como el propio autor explica, estas realidades “cotidianas” acabaron generando nuevas lealtades y espacios de socialización fuera del alcance del franquismo, toda una sociedad civil compuesta de múltiples espacios que con el tiempo se fueron ensanchando hasta penetrar y dejar inoperantes los propios mecanismos de encuadramiento del régimen. Vale la pena subrayar la idea de la cotidianeidad de las luchas que forjaron el antifranquismo, porque es quizás el hilo conductor del trabajo, es decir, el lento pero inexorable socavamiento del régimen “desde abajo”. Así lo vienen demostrando desde hace ya unos años algunos de los principales historiadores de nuestra comunidad académica, que en su quehacer han dado lugar a una nueva narrativa que cuestiona frontalmente el relato oficial y hegemónico sobre la llamada transición. (4) De acuerdo con sus presupuestos básicos, lo ocurrido entre los años 76 y 78 habría sido un modélico y visionario proceso de convergencia entre diferentes élites políticas procedentes del franquismo y el antifranquismo que, con una altura de miras sin precedentes en la historia nacional, habrían puesto a un lado sus diferencias para trabajar por una España democrática. Dicho relato, alimentado activamente al calor de las más diversas coyunturas político-sociales, como de hecho ha ocurrido con esa famosa idea surgida a raíz de la actual crisis financiera según la cual “ahora nos toca arrimar el hombro, como durante la transición”, ha cobrado nueva vida con la muerte de Adolfo Suárez, encumbrado de forma tardía al panteón de los héroes nacionales. Esto es, precisamente, lo que cuestiona abiertamente la obra de Cristian Ferrer a través de su estudio del Montsià, y justo por ello, entre otras muchas cosas, son tan importantes trabajos como éste.

Imagen de las protestas campesinas de mayo de 1976 en Tarragona, donde se pueden leer algunos de los lemas que servían como nervio de las protestas.

Imagen de las protestas campesinas de mayo de 1976 en Tarragona, donde se pueden leer algunos de los lemas que servían como nervio de las protestas.

Justamente, el autor considera que ese amplio y heterogéneo espacio de oposición al franquismo, anterior en su génesis a la muerte del dictador, será decisivo de cara a generar un marco adecuado, tanto a nivel local como estatal, sobre el cual sustentar la intensa movilización social y la estructura de oportunidades políticas de la segunda mitad de los 70. Finalmente, esta realidad hizo imposible cualquier ilusión de continuismo político en el seno de los principios del régimen mucho más allá de la muerte de Franco. Dicho proceso se puede seguir a la perfección a través del caso particular del Montsià, tal y como demuestra Cristian Ferrer. De hecho, como seguramente no podría ser de otro modo el trabajo culmina en el periodo de dos años que media entre las elecciones generales del 77 y las municipales del 79, pospuestas durante largo tiempo por los diferentes gobiernos en el poder, conscientes éstos de dónde procedía el principal desafío para sus proyectos continuistas-reformistas y su hegemonía política. (5) De hecho, a través de sus análisis en torno a la formación de la Unión de Centro Democrático en el Montsià el autor demuestra cómo en dicha formación política se integraron aquéllos que habían constituido las bases sociales y políticas de la propia dictadura, a los cuales se unieron nuevos sujetos políticos que servirían para dar una idea moderna y aperturista de cara a la galería. En cualquier caso, este tipo de confluencias y procesos políticos no deberían ser vistos únicamente como “hábiles” maniobras políticas dirigidas a un circunstancial lavado de cara, sino como parte de la propia conciencia de estos sujetos políticos, afectos de una u otra forma a la dictadura, respecto a la necesidad de garantizar la continuidad generacional y asumir que algo, por poco que fuera, debía cambiar.

Aquí podemos ver una imagen de la famosa tractorada de 1977, en este caso correspondiente a Gandesa, que supuso un gran impulso para la sindicación de campesinos en sindicatos independientes, fundamentalmente l'Unió de Pagesos.

Aquí podemos ver una imagen de la famosa tractorada de 1977, en este caso correspondiente a Gandesa, que supuso un gran impulso para la sindicación de campesinos en sindicatos independientes, fundamentalmente l’Unió de Pagesos.

Por último, el libro se cierra con un interesante epílogo donde el autor se plantea una pregunta fundamental, por lo demás muy necesaria para abordar tanto los actuales como los futuros estudios sobre la transición y, también, muy relacionada con las inquietudes y preocupaciones de una parte significativa de la sociedad respecto al periodo en cuestión: ¿quedaron rescoldos del franquismo en la configuración de nuestra actual democracia? O, dicho de otro modo, ¿qué grado de continuidad existe entre franquismo y democracia? Muchos aún irían más lejos y se preguntarían si acaso se completó la transición, por mucho que esta pregunta responda en muchos sentidos a a una cuestión de preferencias políticas. A mi parecer, este es uno de los motivos por los cuales el autor dedica el epílogo a analizar brevemente la institucionalización del cambio político a lo largo de los años 80, sobre todo de cara a valorar el impacto real de las movilizaciones de los años 70 y su impacto sobre el alcance real de las transformaciones sociales y políticas. Sin duda alguna, uno de los aspectos más interesantes de este capítulo reside en el seguimiento por parte del autor del destino de las élites político-económicas que habían constituido las bases sociales del franquismo en el Montsià. Finalmente, merece la pena señalar la interesante tesis defendida por Cristian Ferrer en este último capítulo, donde señala que CiU se construyó a principios de los años 70 sobre sus estructuras políticas y redes de afinidad muy similares a las utilizadas por la UCD en los años 70, captando muy a menudo a antiguos militantes y élites locales franquistas.

DATOS BÁSICOS SOBRE LA OBRA:

Año: 2014

Editorial: Universitat de Lleida

Número de páginas: 213

Precio:

Enlace a la obra en la página de la editorial: http://www.publicacions.udl.cat/es/766-lluitadors-quotidians-l-antifranquisme-el-canvi-pol%C3%ADtic-i-la-construcci%C3%B3-de-la-democr%C3%A0cia-al-montsi%C3%A0-1972-1979-9788484096412.html

NOTAS:

(1)  Para la idea de armas de los débiles véase James SCOTT: Weapons of the Weak: Everyday Forms of Peasant Resistance, New Haven, Yale University Press, 2008 [1985]. Esta idea ha sido aplicada de forma muy interesante por Ana CABANA en su obra La derrota lo épico, València, Publicacions de la Universitat de València, 2013, donde aborda las múltiples formas de conflictividad socio-política y resistencia en la Galicia rural durante las dos primeras décadas del franquismo.

(2)  Modelo interpretativo reivindicado en los últimos tiempos por dos trabajos necesarios y fundamentales como son los de Óscar RODRÍGUEZ BARREIRA: Miserias del poder. Los poderes locales y el nuevo Estado franquista, 1936-1951, València, Publicacions de la Universitat de València, 2013 y Claudio HERNÁNDEZ: Franquismo a ras de suelo. Zonas grises, apoyos sociales y actitudes durante la dictadura (1936-1976), Granada, Editorial Universidad de Granada, 2013.

(3)  Julián CASANOVA: “La sombra del franquismo: ignorar la historia y huir del pasado”, VV.AA. (coord.): El pasado oculto. Fascismo y violencia en Aragón (1936-1939), Madrid, Siglo XXI, 1992, pp. 1-28.

(4)  Véase fundamentalmente Xavier DOMÈNECH SAMPERE: Cambio político y movimiento obrero bajo el franquismo. Lucha de clases, dictadura y democracia (1939-1977), Barcelona, Icaria, 2012 y, un año antes, Ismael SAZ CAMPOS: “Y la sociedad marcó el camino. O sobre el triunfo de la democracia en España (1969-1978)”, en Rafael QUIROSA; Cheyrouze MUÑOZ (coord.): La sociedad española en la Transición: los movimientos sociales en el proceso democratizador, Madrid, Biblioteca Nueva, 2011, pp. 29-42. Disponible online: Y la sociedad marcó el camino. Consultado el 27 de abril de 2014. También resultan de gran importancia Carme MOLINERO & Pere YSÀS: Productores disciplinados y minorías subversivas. Clase obrera y conflictividad laboral en la España franquista, Madrid, Siglo XXI, 1998 y, también Pere YSÀS: Disidencia y subversión. La lucha del régimen franquista por su supervivencia, 1960-1975, Barcelona, Crítica, 2004.

(5)  No hay que ignorar el precedente de la caída de Alfonso XIII, que más allá de la fuerte crisis que enfrentaba el régimen habría venido causada de forma más inmediata por los resultados de las elecciones municipales de 1931, donde los partidos monárquicos habían sido duramente penalizados.

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Esta entrada fue escrita por davidalegrelorenz y publicada el 20 mayo, 2014 a las 14:11. Se guardó como Novedades editoriales y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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