Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo

Publicación de la obra “El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras”, de Steven Forti

Forti portada

Tras un parón de casi un mes en nuestras actividades retomamos el blog para continuar con nuestro propósito de analizar y visibilizar el trabajo de algunos de nuestros colegas más jóvenes y prometedores. La obra que presentamos en esta ocasión es el resultado de una tesis doctoral que, seguramente, se encuentra entre las más ambiciosas y atractivas que se han defendido en los últimos años en las universidades españolas, al menos en lo que tiene que ver con los temas que más directamente nos preocupan. Nos referimos al trabajo de Steven Forti, El peso de la nación. El autor nos ofrece un marco amplio a través del cual proyecta un completo e interesante fresco del periodo de entreguerras, partiendo para ello de círculos concéntricos -círculos de relaciones y espacios políticos- que nacen casi de forma natural de sus principales objetos de estudio, las convulsas vidas y obras de Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís. Todos ellos comparten la particularidad de haber transitado por diferentes vías desde un firme compromiso político en la primera línea de la izquierda revolucionaria de sus respectivos países hasta su definitiva vinculación con el fascismo, tanto a nivel personal como institucional. El primero de ellos, Bombacci, conocido como el Lenin di Romagna, habría pasado de ser uno de los principales dirigentes del socialismo italiano y, más tarde, del PCI fundacional a convertirse en un importante propagandista y activista del régimen fascista en Italia, hasta el punto de que el suyo fue uno de los cuerpos colgados y vejados junto a los de Mussolini, Pavolini, Starace y Clara Petacci el 29 de abril de 1945 en la Piazzale Loreto de Milán. El segundo, Marion, habría sido parte clave en la dirección del Partido Comunista Francés y redactor de su principal órgano de expresión, L’Humanité, pasando por el Partido Popular francés de Doriot hasta convertirse durante la Segunda Guerra Mundial en responsable de la propaganda de Vichy juzgado en los tribunales de la Francia de posguerra por colaboracionismo. Finalmente, Pérez Solís, pasaría de ser dirigente del PSOE y líder del PCE durante los años 20 a convertirse en propagandista del bando sublevado desde el estallido de la guerra civil en España, previa conversión al catolicismo en 1928. Forti propone una poderosa complejización de las tres biografías que, al mismo tiempo, supone una complejización de todo el periodo en que éstas se enmarcan, integrando voces de lo más diverso y abordando un gran espacio de circulación ideológica-cultural a nivel europeo. En primera instancia, su objetivo es entender los puntos a través de los cuales fue posible dicho tránsito político, ahondando en el carácter compartido de ciertas inquietudes y preocupaciones; en última instancia se trataría de entender algunas de las claves esenciales de uno de los periodos más proteicos y poliédricos de la historia europea. A tal fin, el autor ha realizado un tremendo esfuerzo situado en la mejor tradición de la historia comparada y transnacional, algo que ni mucho menos está al alcance de cualquiera. Sin lugar a dudas, podemos decir que estamos ante un trabajo de una madurez intelectual y un interés excepcionales.

El autor, Steven Forti

El autor, Steven Forti

El propio Forti nos recuerda que la cuestión de los traidores tiene una larga historia y tradición en Europa, y nos referimos a aquellos individuos que por unos u otros motivos reniegan de unos vínculos y valores extremadamente profundos y arraigados en favor de otros, vínculos y valores que definen al hombre y a la mujer ante sí mismos y ante la comunidad en lo que respecta a su identidad y su modo de ser. No obstante, la particularidad del periodo viene marcada por el hecho de que, según el autor, en el periodo de entreguerras, eso que cada vez más historiadores e historiadoras denominan guerra civil europea [1], se produce una intensificación y radicalización del fenómeno en cuestión a causa de las particulares condiciones del momento. Ciertamente, el principal valor de la obra de Forti reside, entre otras muchas cosas, en esa complejización del relato histórico que propone, es decir, en su capacidad para explicar una cuestión sensible y reveladora desde múltiples dimensiones y teniendo en consideración factores de lo más variado. El interés de una vida como la del propio Nicola Bombacci, sobre el cual descansa una parte sustancial del trabajo, justifica por sí solo la importancia y la necesidad del trabajo y de la cuestión abordada, y nos aporta algunas claves fundamentales para entender el propio fascismo como realidad política y cultural. Más allá de los casos concretos abordados más in extenso por Forti, lo más interesante es constatar que los de Bombacci en Italia, Marion en Francia o Pérez Solís en España no fueron recorridos aislados, sino que nos pueden servir como paradigma en el más amplio sentido de la palabra, al mostrar por ejemplo algo tan relevante –y hasta hace poco relativamente olvidado– como es la importancia del cristianismo cultural, por decirlo de algún modo, en la ecuación del fascismo. [2] Así pues, uno de los objetivos manifiestos del autor es valorar el impacto real que tuvo el tránsito de elementos de la izquierda revolucionaria a la derecha radical, tanto en el lugar donde se integraron como en su espacio político de procedencia.

Nicola Bombacci en primer término, junto a Benito Mussolini, a su derecha.

Nicola Bombacci en primer término, junto a Benito Mussolini, a su derecha.

En este sentido, creo que el trabajo de Forti se caracteriza por varias cuestiones esenciales que merece la pena destacar: por un lado, existe en éste una convicción muy firme de que es necesario tender puentes entre diversas experiencias y espacios políticos, sobre todo para evitar sobreestimar las particularidades de cada caso de estudio; por otro lado, la creencia de que comprender el fascismo –y la contemporaneidad en sí misma– pasaría por recuperar el lugar del ser humano en la trama histórica, todo lo cual pasaría por innovar en el uso de fuentes y, finalmente, por hacer una historia bien enmarcada en el terreno. En definitiva, Forti concluye que sólo conociendo la repercusión real de esa dimensión esencial de la contemporaneidad que es la política y lo político –los vehículos por medio de las cuales se produce su impacto– sobre el individuo y las sociedades podemos valorar los fenómenos acontecidos en el periodo de entreguerras. No por nada, como el propio Forti nos explica, el trabajo de Philippe Burrin es una referencia metodológica fundamental de la obra que aquí analizamos. [3] Así pues, una virtud innegable del autor es el modo en que señala y aborda las divergencias y particularidades de los diferentes espacios y experiencias políticas donde se desenvuelven sus objetos de estudio, no menos que sus similitudes, poniendo de manifiesto la necesidad que nuestras historiografías tienen de los enfoques transnacionales y comparados como forma de renovar nuestras visiones sobre el pasado. Precisamente por ello, lleva a cabo una interesante crítica de la historia de los conceptos, a pesar de que el análisis del discurso político tiene un lugar esencial en este trabajo y de que entiende que éstos son esenciales en el ordenamiento socio-cultural y las luchas políticas. Lo que propone es, mucho más allá de las visiones de los conceptos como una realidad fundamentada y conformada en la longue durée, enmarcar éstos en su contexto, teniendo en cuenta la extrema complejidad del periodo de entreguerras y la singularidad de cada coyuntura política. Tal y como también defendemos desde el SIdIF, Forti entiende que el lenguaje político constituye una forma de dar cuerpo a la realidad, de modelarla, transformarla e, incluso, producirla, un cambio fundamental que tiene lugar a raíz del impacto de la Gran Guerra: «De la pedagogía y la liturgia, la propaganda pasó a repetir ininterrumpidamente las consignas del momento, inventando enemigos y utilizando las imágenes más negativas del adversario que se proyectaban en la sociedad», señala el propio autor [4]. Por mi parte, entiendo que no se trató del paso radical de un tipo de lenguaje a otro diametralmente opuesto, sino que combinó características retórico-litúrgicas del periodo anterior: la coyuntura cobra una importancia esencial en la vida social, pero una coyuntura redimensionada en un sentido mito-poético, algo que se observa a la perfección en los casos estudiados. De hecho, Forti tiene muchas esperanzas puestas en la biografía, un recurso que utiliza a la perfección y que sirve como punto de encuentro de las múltiples inquietudes de un momento histórico o, si se quiere, como punto de partida de un enorme a la par que complejo escenario donde las disonancias aportan notas importantes sobre una época en su conjunto. Bombacci, Marion y Pérez Solis son el mejor ejemplo de ello.

Nicola Bombacci en el centro de la fotografía junto a Anna Kuliscioff, revolucionaria de origen ruso que tendría una importancia clave en la izquierda italiana de principios del siglo XX.

Nicola Bombacci en el centro de la fotografía junto a Anna Kuliscioff, revolucionaria de origen ruso que tendría una importancia clave en la izquierda italiana de principios del siglo XX.

Creo que otra de las cuestiones más interesantes del trabajo de Steven Forti radica en su capacidad para ver el periodo de entreguerras desde una perspectiva diferente. Precisamente, defiende que lo que caracterizó a los regímenes totalitarios a posteriori, por su misma praxis y por su legado final no se corresponde en la mayoría de los casos con lo que habría atraído en un primer momento a quienes se sintieron fascinados por el fascismo o el comunismo, por mucho que algunos de los que hoy en día son sus rasgos más definitorios pudieran intuirse siquiera vagamente. En cualquier caso, se trataría fundamentalmente de poner el periodo en perspectiva, evitando las visiones catastróficas del siglo XX, entender todas sus dimensiones y la causa de los fenómenos acontecidos en el decurso de éste. No está de más preguntarse hasta qué punto estamos condicionados y lastrados por nuestras perspectivas actuales en el conocimiento de la violencia y el totalitarismo, algo que siempre ha señalado con insistencia Ferran Gallego y que hace aquí el propio Forti: debemos intentar acercarnos a las cosas como si no supiéramos en qué derivarían o cómo acabaron, entendiendo cada coyuntura por sí misma. [5] Y es que, como vienen señalando algunos de los principales trabajos de la historiografía internacional más puntera, Steven Forti nos muestra por medio del caso de estos tres hombres, Bombacci, Marion y Pérez Solis, hasta qué punto el fascismo supo integrar y capitalizar a partir de sus inquietudes y dentro de su código moral las ideas-fuerza y preocupaciones clave de los siglos XIX y XX. En definitiva, el fascismo intentó que todo aquello con un impacto público y configurador de la vida en comunidad entrara de algún modo dentro de su órbita, siempre en beneficio de su propio proyecto político y de acuerdo con una lectura muy particular del momento histórico, es decir, jugando un papel clave en todo ello las convicciones y sensibilidades de los propios fascistas. Una muestra muy clara de la naturaleza del fascismo, de su adaptabilidad y de su impacto sobre la sociedad se cifra en las figuras de los tres tránsfugas analizados por el autor, midiéndose aquélla por la apropiación y reelaboración personal que cada individuo haría de éste, lo cual sin duda vale para cualquier cultura política.

Paul Marion durante el mitín fundacional del Parti Populaire français en 1936.

Paul Marion durante el mitín fundacional del Parti Populaire français en 1936.

Así pues, en su extenso apartado de conclusiones el autor desgrana una serie de puntos de encuentro entre comunismo y fascismo que permitirían, precisamente, ese trasvase de elementos políticos de una cultura política a otra. Entre ellos destaca el valor del principio de acción como forma de participación política, una suerte de militancia total; la importancia de la vanguardia política y la meritocracia basada justamente en esa forma de militancia; la idea de revolución asociada al principio de acción; un lenguaje extremadamente belicoso y movilizador que impregna todo en la praxis política y que señalaría líneas de inclusión-exclusión donde quedaría definido el enemigo, compartido en muchos casos (parlamentarismo, burguesía y capitalismo); y, por último, la necesidad de resignificar la realidad en clave espiritual, dotando de sentido al mundo a través de lenguajes y símbolos compartidos. Aparte de todo ello, Forti se refiere a la nación como otro de los elementos fundamentales, en el cual hace especial hincapié y que, según él, eclipsaría el concepto de clase hasta superarlo. [6] No obstante, me pregunto hasta qué punto se produce dicha superación o sustitución y no más bien un solapamiento de ambas dimensiones, que conviven con un predominio, eso sí, de la nación o, quizás, un traspasamiento del discurso de clase y su dimensión social por parte de la cuestión nacional. Esto es algo que se ve en la pervivencia de discursos de clase dentro de los propios regímenes fascistas, lo cual ha sido destacado por Rory Yeomans para el caso del NDH, sin ir más lejos, pero que encontramos también en la Alemania nacionalsocialista o la propia España franquista haciendo un análisis detenido del lenguaje, donde siguen existiendo apelaciones desde la dimensión de la clase. En cualquier caso, no hay duda de que la nación se convirtió en el elemento político dominante del siglo XX, de modo que pasó a convertirse en una cuestión ineludible para los autores políticos y sociales. [7]

Óscar Pérez Solís

Óscar Pérez Solís

Finalmente, no quiero dejar de destacar lo que constituye para mí una de las principales potencialidades e hilos conductores del trabajo: la reivindicación de la pasión política como dimensión fundamental de toda una época, una preocupación historiográfica que se derivaría de lo que algunos han denominado “giro emocional” y que puede contribuir a arrojar nueva luz sobre viejas cuestiones siempre y cuando tomemos las precauciones metodológicas debidas, tal y como hace el propio autor. Todo esto forma parte también de esa vuelta al individuo de la que hablábamos, a su modo de sentir las cosas, es decir, un esfuerzo de traslación por parte del historiador a las preocupaciones del sujeto histórico y a su modo de entender el mundo, un ejercicio de empatía que no debe ser confundido con la justificación de unos determinados actos, algo en lo que Forti es muy claro a lo largo de toda la obra. La pasión política fue un factor clave en la política del siglo XX y configuró un modo muy concreto de entender la realidad, como vemos en las vidas y obras de Bombacci, Marion y Pérez Solis. Su importancia se pone de manifiesto en el hecho de que es precisamente a partir de esa pasión de donde surge la voluntad de transformar la realidad, de ir un paso más allá para escapar de lo que se identificaba con el viejo orden, tal y como pretendían el fascismo y el comunismo. Ésta no se regiría por una lógica clara, sino que se basaría en principios dialógicos y variables, muy dependientes de las coyunturas. Así pues, la pasión política sería el deseo de experimentar sobre la realidad las teorías e ideas políticas, algo que pasaría por la capacidad para aprehender la realidad y conectar con las inquietudes y ansiedades de la época, para canalizar pulsiones en forma de proyectos o en la forma de un todo coherente. En toda experiencia individual se observa la importancia que tuvieron las pasiones más allá del mero interés racional, por decirlo de algún modo, sirviendo como filtro y punto de conexión entre el sujeto y su entorno político-social y cultural. Al respecto, resulta interesante el modo en que Forti intenta evitar la comparación pura y simple entre comunismo y fascismo, pero es ciertamente matizable su definición del fascismo en negativo, es decir, como realidad política que «amaba el odio y se identificaba solo como enemigo de enemigos», por oposición al comunismo y el socialismo, que se fundamentarían «en un amor de justicia social». [8] El propio fascismo se construyó a sí mismo en positivo, y quizás esto es lo más complejo y delicado del fenómeno en cuestión, lo más incómodo si se quiere, porque planteó una utopía temporalizada basada en la construcción de una comunidad nacional armónica basada en la ausencia del conflicto, que habría de ser extirpado por diversos medios. Evidentemente, desde el particular punto de vista del fascismo y de todos los que se acercaron a éste el proyecto tenía una clara proyección positiva que no necesitaba de un archienemigo para justificarse, por mucho que sea difícilmente conceible sin la percepción de éste en tanto amenaza.

Una de las obras de Óscar Pérez Solís, quien contribuyó a forjar el mito del sitio y la defensa de Oviedo como parte del afán del fascismo por forjar la historia in situ, resignificada ésta en clave mito-poética. Precisamente, el golpe y el inicio de la guerra civil cogieron al propagandista en la capital asturiana.

Una de las obras de Óscar Pérez Solís, quien contribuyó a forjar el mito del sitio y la defensa de Oviedo como parte del afán del fascismo por forjar la historia in situ, resignificada ésta en clave mito-poética.

Lo que está fuera de toda duda es que el análisis llevado a cabo por Steven Forti es de una profundidad increíble, todo lo cual le permite crear un completo mapa cognitivo de la época, analizando entre otras muchas cosas el reto, la transformación y el punto de inflexión radical que supusieron la Gran Guerra y el fascismo para individuos y sociedades enteras y, finalmente, también en la entrada de nuevas formas de hacer política y de entender el mundo en general. La obra del historiador trentino está llamada a ocupar un lugar importante en los próximos años, sobre todo por las múltiples inquietudes y reflexiones que nos suscita y por las infinitas posibilidades que nos abre a la hora de comprender y analizar múltiples fenómenos de la contemporaneidad, como en este caso el propio transfuguismo.

Para otra visión del trabajo véase la reseña de Carlos Hérnandez Quero:  El peso de la nación

DATOS BÁSICOS SOBRE LA OBRA:

Año: 2014

Editorial: Universidade de Santiago de Compostela

Número de páginas: 651

Precio: 30

Enlace a la obra en la página de la editorial: El peso de la nación

NOTAS:

[1] Enzo TRAVERSO: A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945), Valencia, Publicacions Universitat de València, 2007.

[2] Javier RODRIGO: Cruzada, Paz, Memoria. La guerra civil en sus relatos, Granada, Comares, 2013. Véase en este mismo blog: Cruzada, Paz, Memoria; Ferran GALLEGO: El evangelio fascista. La formación de la cultura política del franquismo (1930-1950), Barcelona, Crítica, 2014. Véase en este mismo blog: El evangelio fascista Dicha cuestión será uno de los objetos de estudio del próximo Encuentro del SIdIF en Granada: II Encuentro, con una mesa que girará en torno a Religión y fascismo.

[3] Philippe BURRIN: La dérive fasciste. Doriot, Déat, Bergery, 1933-1945, París, Seuil, 1986.

[4] Véase Steven FORTI: El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras, Santiago de Compostela, Universidade de Santiago de Compostela, 2014, p. 33.

[5] Preocupaciones que han sido recientemente expresadas en David ALEGRE LORENZ: “Formas de participación y experiencia política durante el primer franquismo: la pugna por los principios ordenadores de la vida en comunidad durante el periodo de entreguerras (1936-1947)”, Rúbrica Contemporánea, 3/5 (2014), en prensas.

[6] Suponemos que su intención es seguir explotando esta idea en los próximos años, tal y como demuestra la mesa-taller que ha propuesto en el marco del V Encuentro de Jóvenes Investigadores junto a Diego Díaz Alonso, Nación y clase en la época contemporánea. ¿Identidades antinómicas o emparejables?. Próximamente publicitaremos esta iniciativa junto a otras dentro del mismo congreso que se enmarcan directamente dentro de las preocupaciones del SIdIF.

[7] Resulta particularmente ilustrativo el caso del partido comunista yugoslavo, que ante la magnitud y dimensión de las diversas guerras que estallaron en el país dividido y ocupado por el Eje entre 1941-1945 hubo de reconocer las diferentes realidades y sensibilidades nacionales existentes en Yugoslavia. De hecho, el propio partido se acabó reconfigurando en 1952 bajo la denominación Liga de los Comunistas Yugoslavos, con una estructura interna federal fundamentada en los diferentes territorios “históricos” que configurarían el país.

[8] Steven FORTI: El peso de la nación…, op. cit. , p. 610.

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Esta entrada fue escrita por davidalegrelorenz y publicada el 17 junio, 2014 a las 9:29. Se guardó como Novedades editoriales y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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