Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo

Publicación de la obra colectiva “Políticas de la violencia. Europa, siglo XX”, de Javier Rodrigo (ed.)

Este pasado sábado, Televisión Española estrenaba la aclamada serie alemana Unsere Mütter, unsere Väter, traducida en castellano como Hijos del Tercer Reich, que narra las vivencias de cinco amigos entre el año 1941, apenas unas semanas antes del inicio de la Operación Barbarroja, y 1945, momento en el que el Reich capitula y termina, al menos en el teatro europeo, la Segunda Guerra Mundial. Mini-serie de 3 capítulos, que podría calificarse como la Band of Brothers alemana –aunque, claro está, sin el relato teleológico de resignificación del “¿por qué combatimos?” que subyace a esta últimai–, supone una de las más brillantes y ambiciosas aproximaciones a la experiencia de guerra de los combatientes de la Wehrmacht desde la película Stalingrado. De esta forma, recrea la dureza de los combates en el Frente Oriental, al tiempo que aborda las dificultades y penurias sufridas en retaguardia, haciendo especial hincapié en el momento en el que, desmoronado el frente, los rusos avanzan y se ‘vengan’ mediante la violación masiva de alemanas en ciudades y pueblos. En ese sentido, el resultado alcanzado es ciertamente bueno. Sin embargo, en ese mismo intento de mostrar la cruda realidad de la guerra, de los vencidos que una vez fueron vencedores y de los vencedores que una fueron vencidos, hay algo que llama poderosamente la atención: la representación del soldado de la Wehrmacht frente a la del oficial de las SS. Así, mientras el primero es encarnado por un actor de rasgos duros y atractivos, dentro de la lógica propia de los papeles televisivos y cinematográficos, el miembro de las SS, es decir, el que claramente podemos identificar como un nacionalsocialista convencido, es representado por un actor de tez blanquecina que le otorga un aspecto cuasi enfermizo. En definitiva, lo suficientemente desagradable como para generar desempatía en el espectador, algo que se refuerza y pone en directa relación con los crímenes inhumanos que comete, en claro contraste con la repulsa que esto genera en el soldado alemán protagonista. Por tanto, se reproduce un esquema maniqueo que simplifica, a la par que en buena medida exculpa, la realidad de lo que supuso la guerra de exterminio en el Este de Europa, perpetuando así la (re)construcción memorística que posibilita que el mal, ese encarnado por el oficial de las SS que asesina civiles sin piedad, quede identificado con esos ‘otros’, desalmados que no eran sino la excepción dentro de una sociedad, y en este caso concreto un ejército, que mostraba su rechazo frontal a la locura genocidaii.

Cartel publicitario de "Hijos del Tercer Reich"

Cartel publicitario de “Hijos del Tercer Reich”

Frente a este tipo de visiones que prenteden reformular el pasado operando simplificaciones a menudo claramente maniqueas, amén de con la voluntad de responder a muchos otros interrogantes tanto sociales como historiográficos acerca de la historia pasada, en concreto aquella que tiene que ver con la violencia en el siglo XX, surge el libro que hoy traemos a colación en el blog del SIdIF, de cuya publicación ya nos hicimos eco en nuestra página de Facebook. Editado por Javier Rodrigo, miembro del SIdIF, Políticas de la violencia. Europa, siglo XX pretende ser una aproximación desde una perspectiva transnacional a uno de los periodos que más ríos de tinta han hecho correr en la disciplina histórica: el periodo de entreguerras; fundamentalmente, aunque no sólo. La línea maestra que atraviesa y conecta todas las contribuciones viene definida por la necesidad de explicar toda esa catarata de violencia que dominó, en buena medida, el siglo XX europeo, desde un enfoque muy preciso. En este sentido, la intención es adentrarse en los recovecos de dichas violencias a través de una serie de escenarios concretos, pero siempre teniendo presente que son las particulares coordenadas de dichas situaciones las que han de permitir penetrar en su núcleo explicativo, en sus motivaciones, intereses y dinámicas conductoras. Por tanto, no se pretende desnaturalizar esos procesos de los lugares en los que acontecen, alla maniera de Kalyvas o Goldhagen, tal y como apunta el propio Rodrigo en la introduccióniii, sino que el enfoque interpretativo discurre de abajo hacia arriba.

Vista del S-21, centro de internamiento, tortura y ejecución que los Jemeres Rojos tenía en la capital de Camboya, Phnom Penh

Vista del S-21, centro de internamiento, tortura y ejecución que los Jemeres Rojos tenía en la capital de Camboya, Phnom Penh

La Europa que fue desde el estallido de la Gran Guerra hasta el final, sobre el eje cronológico aunque no sobre el terrenoiv, de la Segunda Guerra Mundial, tal y como analiza Alan Kramer en la primera de las contribuciones del volumen, edificó un mapa de proyectos, motivaciones, intereses y realidades cruzadas –todo ello aderezado con significativas dosis de violencia– tan sumamente complejo que resulta tarea imposible construir una visión integradora, a la par que explicativa de todos ellos, algo que Políticas de la violencia sitúa como punto de partida metodológico e interpretativo. De esta forma, esa apuesta por evitar la objetivación de la violencia es quizá, y aunque pueda sonar como algo evidente, una de sus principales cualidades, pues en no pocas ocasiones algunos análisis históricos han tendido a disociar violencia de escenario y contexto, de intereses específicos y de motivaciones concretas, en aras de generar una teoría genérica que pueda aplicarse a todo tipo de situación, al tiempo que para alumbrar mecanismos de prevención de futuros procesos violentos partiendo de esa misma teoría. Parece no haber quedado aún suficientemente constatado que el Holocausto no impidió la muerte de una cuarta parte de los camboyanos bajo el régimen de los Jemeres Rojos, el genocidio en clave étnica en Ruanda o la actual violencia masiva, en clave religiosa y cultural, desplegada por grupos tafkiríes como el Estado Islámico. Por ende, aquí el planteamiento es otro; partiendo desde el estudio de los diferentes casos específicos, es posible trazar, y ahí es hacia donde parece querer dirigirse el libro, puentes conectivos y establecer puntos en común, de cara a comprender la integración de todas esas violencias en las dinámicas que marcaron el siglo XX en Europa.

Las mujeres acusadas de colaboracionismo con los alemanes fueron rapadas y expuestas a la humillación pública como forma de venganza y castigo por su 'tración' a la patria

Las mujeres acusadas de colaboracionismo con los alemanes fueron rapadas y expuestas a la humillación pública como forma de venganza y castigo por su ‘tración’ a la patria

Políticas de la violencia reúne, así, toda una serie de escenarios concretos en los que los proyectos que se intentaron implementar contaron con la violencia como elemento de ejecución, vehiculador en lo que al plano de los hechos se refiere. Como apuntábamos hace unos días al hilo de la obra de Salvador Cayuela, la naturaleza de esos proyectos venía determinada por la necesidad de destruir, mediante la violencia, para así poder edificar una nueva realidad; es decir, la violencia como elemento de transformación tal y como, por ejemplo, pretendió el franquismo durante y tras la guerra. Lo que nos lleva a dos consideraciones fundamentales, que las diferentes contribuciones del volumen sitúan como elemento primordial: en primer lugar, que la violencia es un concepto tan complejo como poliédrico. No se puede reducir a la dimensión de la muerte, ni incluso a la dimensión física, sino que la violencia trasciende más allá para alcanzar otros muchos planos. El social, el familiar, el estructural, el económico o el cultural son solo algunos de los que se exploran en el libro. Por ejemplo, en las dinámicas de depuración de la Francia de posguerra que aborda José Luis Ledesma, en las cuales jugó un papel crucial el estigma social del colaboracionismo. O, al mismo tiempo, en cómo se configuraron las nuevas realidades políticas, sociales y culturales tras la ocupación del Este de Europa por parte del Ejército Rojo, tal y como nuestro también colega del SIdIF José M. Faraldo muestra, un escenario donde el comunismo aplastó los movimientos de resistencia surgidos al calor de la guerra en aras de consolidar el socialismo. En este sentido, ese carácter polifacético de la violencia define uno de los propios objetivos, a nivel global, del libro, como es el de la necesidad de huir de las simplificaciones y la obligación de complejizar nuestras aproximaciones. O lo que es lo mismo, que el actor que encarne al nazi sea tanto o más guapo que el que interprete al soldado alemán, para que el espectador se identifique con ambos y caiga en la cuenta de que quizá esas atrocidades no son tan sólo un paréntesis en la Historia a cargo de un puñado de desalmados, sino que están muchos más cerca de lo que podamos llegar a creer.

Monumento erigido a las víctimas de la violencia fascista croata en Jasenovac, lugar donde estuvo uno de los campos de concentración principales del NDH

Monumento erigido a las víctimas de la violencia fascista croata en Jasenovac, lugar donde estuvo uno de los campos de concentración principales del NDH

Por otra parte, la violencia como instrumento de implementación sobre el terreno de los diferentes proyectos de transformación de la realidad no se explica, al menos en las dosis masivas en que fue aplicada entre 1914 y 1945, sin el marco que propició su expansión, es decir, la guerra. Si hay algo que conecta todas las contribuciones es que, en buena medida, las dinámicas que explican los procesos estudiados están directamente influidas por la guerra. Sin la invasión de la Unión Soviética es impensable que la “solución” para la ‘cuestión judía’ pasase por un exterminio masivo. Es la guerra, una pensada en clave ideológica y racial, la que comporta la eliminación de casi dos millones de judíos a manos de los Einsatzgruppen, y la que conduce a una conferencia como la de Wansee que, tal y como apunta Christian Gerlach, supone la puesta en marcha de la muerte industrializada en campos de concentración. Es, también, la guerra la que otorga la posibilidad al fascismo croata de alzarse con el poder, de mano de la invasión alemana, y la que crea el escenario propicio para la eliminación de poblaciones como los serbios, o minorías como los judíos, tal y como analiza nuestro compañero del SIdIF David Alegre. Lo mismo podemos decir del caso armenio, como subraya Raymond Kévorian, pues no será hasta la Gran Guerra cuando se implemente una violencia genocida contra esa minoría dentro de las fronteras del Imperio Otomano. Por tanto, vemos cómo la guerra crea los marcos propiciatorios para la implementación de los diferentes proyectos en su versión más radical, más pura quizá –o menos limitada–. España es un caso paradigmático, tal y como apunta –al calor de una comparativa con otros procesos de conflicto interno– y ha apuntado Javier Rodrigo en diversas ocasiones, pues los tres años de contienda llevaron aparejados la aplicación de una tabula rasa que laminó y regeneró el tejido social español; pero de igual forma se observa en Italia, donde la violencia fascista que analiza Camila Poesio alcanza un pico muy significativo durante la guerra civil, en el marco de la República Social Italiana. Una dinámica que también comparte el progresivo proceso de estrechamiento de los márgenes sociales operado en el Tercer Reich, analizado por Nikolaus Wachsmann, que se acelerará paralelamente al estallido de la guerra.

Combatientes de la 5ª División Panzer de las SS Viking, antes de un combate en la ciudad de Lvov (1944). Esta unidad, al igual que otras, englobaba a combatientes no alemanes. En concreto, en la Viking combatieron daneses, suecos, noruegos, belgas, estonios, finlandeses y holandeses

Combatientes de la 5ª División Panzer de las SS Viking, antes de un combate en la ciudad de Lvov (1944). Esta unidad, al igual que otras, englobaba a combatientes no alemanes. En concreto, en la Viking combatieron daneses, suecos, noruegos, belgas, estonios, finlandeses y holandeses

Si la violencia es un elemento sumamente complejo y poliédrico no lo son menos las motivaciones que se hallan detrás de los individuos que la implementan. ¿Por qué acudieron miles de hombres a combatir en las filas de la Wehrmacht en el Ostfront? ¿Ganas de aventura, convencimiento ideológico, defensa de unos difusos intereses de clase, nacionalismo transnacional? En este sentido, ese teatro de la Segunda Guerra Mundial nos ofrece un mosaico ampliamente rico acerca del por qué combatimos. No es simplemente ideología lo que se esconde detrás, sino que subyacen intereses y motivaciones mucho menos elevadas y más mundanas, más tangibles. Ahora bien, también es cierto que la ideología es siempre un elemento latente, que configura y permea en buena medida la experiencia de los combatientes. Sea como fuere, es una realidad compleja que alumbra memorias no menos complejas, como atestigua el capítulo de Xosé Manoel Núñez Seixas. Es importante, así, situarnos en el plano de lo individual, la vuelta al individuo como sujeto histórico. Y, además, es fundamental acercarse desde las propias coordenadas del individuo en cuestión. Como ya señalase Philip Dwyer, una aproximación cultural a las experiencias personales permiten no solo una comprensión de la realidad del individuo como quizá no sea posible alcanzar de otra manera, sino también la aprehensión del momento en el que este se inserta. Esa misma vuelta al sujeto podría, por ejemplo, arroja luz sobre otro de los interesantes debates que intentan establecer explicaciones a la violencia en el periodo de entreguerras, como es la vía colonial, es decir, el análisis de las culturas de la violencia en las colonias y su posible traslación al continente europeo, como ya hiciese Balfour para el caso español. Andreas Stucki pulsa esas posibles conexiones a través de la propia experiencia española en África. ¿De qué forma se concebía al moro rifeño? ¿Qué diferenciaba a este del moro reclutado en las tropas de regulares? ¿Cómo se produjo esa traslación de la imagen del ‘otro’ desde la guerra africana a la Guerra Civil, habida cuenta de que en esta los marroquíes luchaban del lado de, por ejemplo, legionarios? Quizá una aproximación a través de relatos de la experiencia de guerra, en perspectiva comparada, permitiría empezar a articular alguna respuesta a estas y otras cuestiones.

Endre Laszlo, conocido antisemita y secretario de estado del Ministerio de Interior húngaro en 1944, donde fue responsable de la concentración y deportación de la población judía del país. Pocos meses después, sería miembro del régimen de la Cruz Flechada como Comisario de la Administración Civil. Su pena de muerte fue ejecutada en 1946, por "actuar contra los intereses nacionales de Hungría".

Endre Laszlo, conocido antisemita y secretario de estado del Ministerio de Interior húngaro en 1944, donde fue responsable de la concentración y deportación de la población judía del país. Pocos meses después, sería miembro del régimen de la Cruz Flechada como Comisario de la Administración Civil. Su pena de muerte fue ejecutada en 1946, por “actuar contra los intereses nacionales de Hungría”.

En definitiva, nos encontramos ante un sugerente análisis acerca de cómo la violencia se desplegó en los distintos escenarios de la Europa de entreguerras, pero también a posteriori. Violencia en el marco de conflictos bélicos y violencia política, como por ejemplo en el análisis que elabora Eduardo González Calleja acerca de los terrorismos europeos, se entremezclan en aras de intentar, desde una serie de puntos de partida, analizar diversos contextos donde violencia, sociedad, cultura y proyectos políticos se interconectaron de formas diferentes. Así pues, el camino de comprensión de la naturaleza, formas y praxis de la violencia marcado por este volumen se pone, en la línea de trabajos recientes, como objetivo fundamental la complejización de este concepto poliédrico partiendo desde sus fuentes y lugares de origen, con la finalidad de intentar aproximarse, en la medida en que las propias violencias lo permiten, a los por qués de su existencia en los modos en que se desarrollaron. Sin lugar a dudas, una meta muy ambiciosa, al tiempo que un reto muy interesante. Sea como fuere, a buen seguro Políticas de la violencia estimulará el debate y abrirá un camino por el que discurrir en nuestro permanente intento de comprender qué llevó, como escribía Ivo Andrić en Un puente sobre el Drina, cuando “el mundo esperaba, sin saber por qué, un período de tranquilidad y una época próspera que compensaría, en todos los órdenes, los daños y sinsabores anteriores”v, a una de las épocas más turbulentas de la historia europea.

DATOS BÁSICOS SOBRE LA OBRA:

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Año: 2014

Editorial: Prensas Universitarias de Zaragoza

Número de páginas: 546

Precio: 30 euros

Enlace a la obra en la página de la editorial: http://puz.unizar.es/detalle/1579/Pol%EDticas+de+la+violencia.+Europa,+siglo+XX-0.html

Portada e índice en pdf: Descargar índice y portada

Para otra visión del trabajo véase la reseña de Miguel Ángel del Arco Blanco: Politicas de la violencia

iPrecisamente “¿Por qué combatimos?” es el título del noveno capítulo de Band of Brothers, en el cual los soldados americanos encuentran un pequeño campo de concentración a las afueras de una ciudad alemana. De esta forma, se establece la idea de que la única, o la principal, razón de la entrada de los americanos en la guerra fue su voluntad de poner fin al exterminio de los judíos, simplificando en la misma línea en que lo hace Hijos del Tercer Reich. Para algunos aspectos acerca de la percepción y el impacto del Holocausto en la sociedad norteamericana durante y tras la guerra puede verse Peter NOVICK: Judíos, ¿victimismo o vergüenza? El Holocausto en la vida americana, Madrid, Marcial Pons, 2007.

iiEn este sentido, no pretendo plantear que el conjunto de la sociedad alemana comulgase con el credo nacionalsocialista o que consciente y activamente apoyase el exterminio de judíos, eslavos y otras minorías en el Frente Oriental. La historiografía ya ha demostrado en numerosas ocasiones la amplia tonalidad de grises existentes entre el blanco y el negro en referencia a esta cuestión, apuntando la existencia de muchos y variados mecanismos diferenciados de la dicotomía apoyo activo–rechazo absoluto. Lo que quería subrayar era cómo la serie genera imágenes de alteridad que permiten expulsar del seno de lo ‘humano’ al nacionalsocialismo, soslayando absolutamente los múltiples niveles de la relación de la sociedad y el ejército alemanes con el régimen y con el exterminio que este implementó. Algunas referencias bibliográficas a este respecto en Robert GELLATELY: Backing Hitler. Consent and coertion in nazi Germany, Oxford, Oxford University Press, 2001; David F. CREW (ed.), Nazism and German Society, 1933-1945, London, Routledge, 1994; o Frederic C. TUBACH: German Voices. Memories of Life during Hitler’s Third Reich, Berkeley, University of California Press, 2011.

iiiJavier RODRIGO: “Introducción. Heterofobia: las políticas de la violencia en la Europa del novecientos”, en Id. (ed.), Políticas de la violencia. Europa, siglo XX, Zaragoza, PUZ, 2014, p. 12.

ivVer Keith LOWE: Continente salvaje. Europa después de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2012.

vIvo Andrić: Un puente sobre el Drina, Barcelona, DeBolsillo, 2010, p. 421.

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Esta entrada fue escrita por miguelalonsoibarra y publicada el 11 noviembre, 2014 a las 4:50. Se guardó como Novedades editoriales y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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