Seminario Interuniversitario de Investigadores del Fascismo

“La Segunda República española”, de Eduardo González Calleja, Francisco Cobo Romero, Ana Martínez Rus, Francisco Sánchez Pérez

Segunda República

Si hace unos días publicábamos la entrevista que mantuvimos con nuestro compañero Francisco Cobo a finales de abril en Granada, hoy comentamos este trabajo publicado hace apenas un mes, del cual es coautor junto con Ana Martínez Rus, Francisco Sánchez Pérez y el también miembro del SIdIF Eduardo González Calleja. Qué duda cabe, esta nueva y vasta visión de conjunto sobre la Segunda República, llamada a convertirse en una obra de referencia en los próximos años, entra de lleno en los intereses de nuestro seminario por diversos motivos, entre los cuales hay que tener en cuenta la importancia excepcional del periodo en cuestión y los debates en los que en cierto modo han motivado a sus autores. De hecho, la obra no podría llegar en un momento más oportuno. Y es que, a pesar de ser un tema que siempre ha tenido una importancia indudable a nivel historiográfico, siendo buena muestra de ello la producción académica de sus autores, en el último lustro se ha reavivado notablemente el interés por el estudio de este momento histórico en toda su extensión.

Manifestaciones del 14 de abril de 1931 al calor de la proclamación de la Segunda República.

Manifestaciones del 14 de abril de 1931 al calor de la proclamación de la Segunda República.

Desde luego, a la hora de propiciar esta renovada atracción no ha sido poca la importancia de los intensos y sugerentes debates que abrió y propició en su día Ricardo Robledo, quien ha sostenido un pulso firme y activo en los últimos años con otros historiadores como Fernando del Rey o Álvarez Tardío. Otros historiadores como José Luis Ledesma, el propio González Calleja, Chris Ealham, González Cuevas o Gabriele Ranzato se han visto implicados o han ido tomando parte desde diferentes posiciones.[i] Como no podría ser de otro modo, esta obra colectiva representa una postura clara y bien fundada en medio de este intercambio académico, algo que se pone de manifiesto en su misma introducción. En este sentido, creo que los autores hacen lo que a mi juicio es un ejercicio de honestidad necesario para cualquier historiador que se precie, perfectamente sabedores de las profundas pasiones que suscita el tratamiento del segundo periodo republicano tanto a nivel social como académico, reducido en muchas ocasiones a la condición de mero prolegómeno o, peor aún, causa directa de la guerra civil. Así pues, la obra no rehúye el debate en ningún momento, hasta el punto que entra en pugna con las visiones de la historiografía neoconservadora –a decir de algunos neofranquista– de los Moa y los Vidal, algo fundamental para cumplir con la proyección pública de nuestro cometido como historiadores. Resulta significativo para ilustrar esta visión de la República como causa de la guerra, muy arraigada en el imaginario colectivo español a fuerza de años de adoctrinamiento y bombardeo cultural, el episodio en que Rajoy, preguntado por la Ley de Memoria Histórica y la apertura de fosas allá por el 2006, señalaba las bondades de la transición en contraposición a una Segunda República equiparada con el franquismo como un periodos tormentoso de la historia de España.[ii] Como decía, se trata de la última versión de un discurso que cuenta con una larga tradición y que surgió casi de forma contemporánea a la proclamación del régimen republicano, que contemplaba a éste como la culminación de un largo proceso de degeneración. Pero en este sentido no estamos ante una particularidad exclusiva de la historia española, ya que sus orígenes se encuentran insertos en la crítica de toda la extrema derecha europea a la democratización, vista como una puerta de entrada a la revolución.

Notables esfuerzos y proyectos pedagógicos fueron llevados a cabo durante la Segunda República.

Notables esfuerzos y proyectos pedagógicos fueron llevados a cabo durante la Segunda República.

Precisamente, la coyuntura extremadamente singular a nivel nacional e internacional en que se enmarca el periodo objeto de estudio y todo lo que representa hacen que este trabajo sea doblemente interesante y, sin lugar a dudas, necesario, sobre todo porque es la visión más sistemática y ambiciosa que se ha propuesta hasta ahora. En este sentido, la Segunda República es de algún modo la culminación de las inquietudes, diagnósticos y soluciones de toda una generación de intelectuales encabezada por Ortega y Gasset. Sin embargo, la dirección y espíritu del nuevo régimen vino muy marcada por el empuje combativo y las reivindicaciones de los movimientos obreros, llegando a alcanzar las aspiraciones republicanas al más pequeño de los núcleos locales del territorio peninsular. Desde luego, había en el aíre un deseo y una voluntad de nuevo comienzo, algo que en ese momento de la historia europea no era desde luego exclusivo ni del caso español ni de las izquierdas, más bien al contrario se encontraba presente a su modo en todas las sociedades y culturas políticas del continente, entre ellas el fascismo, por supuesto. Algo ciertamente positivo de este trabajo es el impecable tratamiento que hace de los conceptos advirtiendo, además, contra los ejercicios anacrónicos a los que siempre está expuesto todo aquel que se aproxima al pasado. Así podemos verlo en el modo en que trabajan los autores con las ideas de “democracia” y “revolución” y el modo en que se desentraña la arqueología de ambas nociones, concebidas en nuestros días de un modo muy distinto a como eran vistas en los años 30. Con el paso del tiempo, los conceptos se cargan de nuevos significados y experiencias, como entes vivos que son, algo ante lo que siempre debe estar alerta el historiador. Y es que, como demuestran los autores, los padres de la Segunda República atribuían a este proyecto político una dimensión pedagógica fundamental, todo lo cual debía venir acompañado por nuevos usos políticos e instituciones. Dicho de otro modo, el nuevo sistema debía venir acompañado de una toma de conciencia cívica y política, algo muy propio de la época: las invocaciones y las llamadas al despertar del pueblo. Sólo así podía existir una soberanía real, y eso era lo que entendían por democracia quienes pusieron en marcha el laboratorio republicano, pues eso fue a ojos de los autores ese vasto y ambicioso proyecto político: un momento de aprendizaje donde se quiso ensayar la regeneración del país –hoy diríamos modernización– y donde casi todo estaba por hacer, para el cual no existía precedente alguno, exceptuando el Sexenio Democrático y los limitados progresos políticos del periodo de la Restauración.

Mucho se ha debatido en la comunidad académica en torno a la conflictividad político-social y la represión durante el periodo republicano.

Mucho se ha debatido en la comunidad académica en torno a la conflictividad político-social y la represión durante el periodo republicano.

Desde un primer momento vemos cómo la proclamación y puesta en marcha de la Segunda República tuvo diferentes significados para las fuerzas políticas y las bases sociales de la izquierda sobre las que se sustentó. Todo esto, unido al pacto entre los movimientos obreros y los partidos republicanos burgueses, hizo que la derecha contemplara desde el primer día la instauración del nuevo régimen como la encarnación de la antítesis de todos los valores representados por España. Las diversas posturas que cada fuerza política mantuvo ante la República, determinadas en buena medida por sus estrategias y concepciones políticas, fueron según los autores una de las principales dificultades con las que tuvo que lidiar el nuevo sistema político. Por eso, a lo largo de la obra se defiende una y otra vez la necesidad de contemplar el pasado con justeza, entendiendo los fenómenos políticos –en constante proceso de definición– según su momento y los marcos de referencia muy diversos dominantes en cada tiempo. De ahí que la Segunda República sea un momento excepcional de la historia de España, precisamente por “la voluntad de participación en la escena pública” que haría inconcebible a partir de entonces otro modo de entender la experiencia política. Y todo ello aún a pesar de que su aparición tuvo lugar casi a contracorriente, en un momento de grave crisis económica y política a nivel internacional, mientras en muchos puntos del continente se desmantelaban las jóvenes democracias nacidas al calor de la primera posguerra y, también, del advenimiento de la sociedad de masas, fenómenos todos ellos ante los que España no fue inmune. De hecho, esa voluntad de participación quedó perfectamente ilustrada en un sinfín de asociaciones y organizaciones de diversa naturaleza surgidas a lo largo y ancho de todo el país configurando el tejido de una sociedad civil moderna. No menos importante fue la constante puesta en práctica de todo un variado repertorio de formas de acción colectiva. Por supuesto, todo esto tuvo sus límites y se encontró con obstáculos de relieve, como no podía ser de otro modo en medio ante un experimento político sin precedentes y una sociedad abiertamente competitiva en el sentido político.

Mujeres votando en el referéndum sobre el estatuto vasco.

Mujeres votando en el referéndum sobre el estatuto vasco.

Precisamente, los autores destacan como un factor importante el papel de la juventud, que a menudo se contempló a sí misma como un actor político fundamental, casi diríamos decisivo, en base a sus experiencias políticas previas. Sin duda alguna, ésta se erigió dentro de las diferentes opciones políticas del periodo –de forma muy sustancial en las situadas a los extremos del espectro político– como un núcleo intransigente y visionario, capaz de comprender los retos de los nuevos tiempos y legitimada para intervenir, optando en muchas ocasiones por la violencia como forma de acción política. A lo largo de la obra se abunda en las causas de algo que una vez más no es exclusivo del caso de España, destacando entre otras la coyuntura económica desfavorable que dejó poco o ningún espacio a los deseos de emancipación y ascenso social de toda una generación de españoles. No obstante, conviene ser cuidadosos en este punto y evitar restringir todo a las razones meramente estructurales, que con ser importantes no son las únicas que entran en juego, de forma que nos vemos obligados a atender a una cuestión de fe y estilo –la radicalidad política–, siempre fundamentales entre los jóvenes, la búsqueda de un espacio de expresión propio y a una reinterpretación de los ideales republicanos al calor del clima social y los acontecimientos políticos. Desde luego, todo esto se complementa a la perfección con la tesis expuesta más arriba. Sea como fuere, también las posturas y los discursos políticos variaron con los años debido a la entrada masiva de nuevos afiliados en la coyuntura favorable propiciada por la legislación y el nuevo escenario republicanos. Muchos de los virajes que tuvieron lugar lo hicieron en un sentido agresivo y radical, como se muestra en el trabajo. Sin embargo, aunque la violencia política fue un problema grave para el régimen no se le puede atribuir la condición de causa inmediata de la guerra civil, cuya razón última fue, como se acepta comúnmente, el fracaso parcial del golpe de estado de julio del 36, y este es un aspecto que ha sido trabajado de forma profunda por los autores de la obra a lo largo de su carrera.

Un momento en el desarrollo de las misiones pedagógicas en el mundo rural.

Un momento en el desarrollo de las misiones pedagógicas en el mundo rural.

Así llegamos a una de las cuestiones clave del experimento republicano, a saber: el alcance y significación del reformismo republicano. A estas alturas parece que está claro que a pesar de imponer controles sobre el libre disfrute de la propiedad privada con fines sociales, la Segunda República siempre respetó la propiedad capitalista. Nada de ello fue óbice para que propusiera un programa de reformas integral sin precedentes en España, más ambicioso a menudo que el de otras democracias europeas, algo que fue implementado a lo largo de dos años y medio con la oposición creciente tanto de los que se sentían afectados en carnes propias como de los defraudados por el nuevo régimen. La conclusión fundamental de los autores al respecto es que no siempre se pusieron los medios adecuados o se actuó en el sentido necesario para garantizar y culminar con éxito las reformas, a lo cual se suma la consabida coyuntura de crisis económica sistémica a nivel mundial. Desde luego, los efectos de la Gran Depresión contribuyeron a socavar la legitimidad de la Segunda República a ojos de sectores cada vez más amplios, de forma muy similar a lo que ocurre en el resto de Europa. De acuerdo con los autores, hay que tener en cuenta también que faltó consenso y claridad a la hora de dirimir temas como el modelo territorial del estado, así como su carácter laico o su ya mencionada dimensión social, lo cual, sumado al carácter díscolo de instituciones clave para el estado como las fuerzas del orden –sobre todo por sus métodos brutales en la represión de protestas y movilizaciones–, contribuyó progresivamente a generar desafección y desencanto respecto a la República. Sin embargo, lo cierto es que las clases dirigentes y los padres fundadores del nuevo estado sabían que se jugaban tanto su legitimidad como la del sistema en la implementación del paquete de reformas que llevaban consigo. Precisamente, de ahí la prioridad absoluta que se le dio a este aspecto, y de ahí también que las dificultades y, finalmente, la incapacidad para llevarlo a cabo acabaran por lesionar el proyecto y dividir a la base social y política que lo había hecho posible. Esta fractura que no sería soldada hasta las elecciones de 1936 fue aprovechada por la derecha, que jugaría sus cartas para alcanzar las elecciones en el año 1933.

La Gran Depresión de los años 30 golpeó duramente a la sociedad española y al proyecto republicano. Aquí escena de una manifestación de parados en el Alto Aragón.

La Gran Depresión de los años 30 golpeó duramente a la sociedad española y al proyecto republicano. Aquí escena de una manifestación de parados en el Alto Aragón.

El hecho de que la República sea un proyecto frustrado –“liquidación de un proceso por causas ajenas a su propia naturaleza”– y no fracasado –“constatación de que un proyecto suficientemente desarrollado no ha alcanzado los objetivos previstos y se consume por sus propios defectos”–, tal y como defienden los autores, es algo que se puede discutir legítimamente y que a buen seguro generará nuevos debates. Yo no soy el más indicado para mediar en esta cuestión, pero aparte de ser un proyecto claramente frustrado por un golpe de estado y una guerra civil es evidente que la República no alcanzó sus objetivos, por mucho que existan buenas razones para ello –muchas ajenas a ella o a pesar de ella– y que estén bien expresadas en esta obra. En este sentido, me parece legítimo que los propios autores se hagan esa pregunta: ¿fracaso o frustración? Por lo que a ellos respecta abogan por ver en la República una experiencia donde se dio una “frustración de expectativas”, una fórmula que a mi parecer apunta en el sentido correcto. Lo que está fuera de toda duda, y desde luego ahí estoy con los autores, es que en apenas cinco años –ocho si contamos la guerra civil, en una coyuntura excepcional e incomparable a los años de paz– no se puede medir el éxito o fracaso de ningún proyecto político, sobre todo cuando prácticamente se parte de cero. En este caso estamos ante realidades que sólo son comprensibles en el largo plazo y donde a menudo se imponen, a veces sin quererlo, el maniqueísmo, las teleologías y el anacronismo, y aún con todo cualquier fenómeno político está abierto a cambios y a reevaluaciones con la perspectiva que nos proporciona el tiempo.

Largo Caballero durante un mitín multitudinario. El grado de politización y movilización alcanzado durante la Segunda República era algo sin precedentes hasta entonces en España.

Largo Caballero durante un mitín multitudinario. El grado de politización y movilización alcanzado durante la Segunda República era algo sin precedentes hasta entonces en España.

A estas alturas creo que una parte fundamental de la historiografía coincide –o al menos debería hacerlo– en la necesidad de emancipar al pueblo como sujeto histórico, huyendo por tanto de visiones paternalistas que abundan en las manipulaciones y las pasiones para explicar el comportamiento de los españoles del periodo republicano y la guerra civil. A mi modo de ver, por lo general los individuos del momento participaron en la vida política de sus comunidades locales y, por extensión, del país de acuerdo con sus propios cálculos, fundados en una lectura racional de los acontecimientos. Por tanto, actuaron en base a las percepciones derivadas de la coyuntura y a los diversos equilibrios dominantes en cada tempo y espacio, tomando parte en los hechos del momento de forma responsable y en base a cosmovisiones diferentes, como es propio de una sociedad moderna de masas. Creo que este es también el espíritu de un libro que, además, propone una novedosa visión desde abajo y que propone una complejización de nuestra mirada sobre el pasado republicano, integrando en su discurso múltiples voces, factores y dimensiones de la realidad. El objetivo es, ni más ni menos, observar el periodo de la Segunda República en toda su extensión desde una óptica capaz de aportar interpretaciones novedosas que contribuyan a un mejor conocimiento de ese momento excepcional y paradigmático no sólo a nivel nacional, sino también europeo.

DATOS BÁSICOS SOBRE LA OBRA:

Año: 2015

Editorial: Pasado & Presente

Número de páginas: 1.373

Precio: 39 euros

Enlace a la obra en la página de la editorial: http://pasadopresente.com/titulos/74-segunda-republica

Algunos enlaces con análisis y visiones diversas: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/29/actualidad/1432922096_318230.html Del propio González Calleja: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/29/actualidad/1430316078_744656.html

[i] A modo de ejemplo véanse los siguientes textos con referencias a los diferentes debates mantenidos: Ricardo ROBLEDO: “Historia científica vs. Historia de combate en la antesala de la Guerra Civil”, Studia historica. Historia Contemporánea, vol. 32 (2014), pp. 39-56; “De leyenda rosa e historia científica: notas sobre el último revisionismo de la Segunda República. La Segunda República demonizada, rehabilitada y de nuevo denostada”, Cahiers de civilisation espagnole contemporaine, 2 (2015). Disponible online: http://ccec.revues.org/5444 [Consultado el 5 de junio de 2015].

[ii] Decía Rajoy en una entrevista allá por el 2006 que “Este ha sido un país que ha tenido guerras civiles, enfrentamientos brutales… En el año 1978 señores con orígenes políticos distintos, unos ministros de Franco, otros que vivieron el exilio, se pusieron de acuerdo para acabar con esta tormentosa historia y los años que han transcurrido desde entonces han sido los mejores de la historia de España. ¿A cuenta de qué viene todo esto? Estamos hartos de Franco y de la República. Miremos al futuro.” Véase http://www.20minutos.es/noticia/181978/0/Mando/Aznar/duda/ [Consultado el 5 de junio de 2015]

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Esta entrada fue escrita por davidalegrelorenz y publicada el 21 julio, 2015 a las 15:47. Se guardó como Novedades editoriales y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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